El fucú de don Cristóbal
No caben dudas. Don Cristóbal Colón y Fontanarosa, Descubridor de América, Almirante del reino y Visorrey de todas las tierras descubiertas, tiene un fucú. Pero, para no ser tan duro, escogo la más benigna de las calificaciones y digo que don Cristóbal es hombre de reputación dudosa.
Porque su nombre se asocia siempre a la controversia y a la duda. Se anuncia el hallazgo de los restos de la Santa María, nave insignia de las carabelas del descubrimiento, y se agrega otro punto controversial a la historia del personaje.
Desde el principio, parece que don Cristóbal salió con el pie izquierdo. Su primer tropezón lo dio cuando se hizo a la mar creyendo que llegaría al Oriente. Se le llama Descubridor, pero en verdad no se sabe quién descubrió a quién.
Si el Almirante que creía que navegaba hacia las Indias, y estaba a punto de ser lanzado al agua por sus desorientados marineros, cuando topó con América; o si, en cambio, fueron los dueños y residentes ancestrales de estas tierras quienes los descubrieron a ellos.
Otro asunto. Se dice que al ver el valle del Cibao dijo la frase aquella de “la tierra más bella que ojos humanos hayan visto”. Pero dicen los cubanos que eso lo dijo cuando llegó a Cuba y recuerdo haber oído a un camarada centroamericano asegurarme que tal expresión la había dicho Colón en Centroamérica.
Dudas sobre el lugar donde reposan los restos del Almirante. Que si en Cuba, si en Sevilla o si están aquí, en Los Mameyes, donde se levanta el faro.
Nada menos que el día de Nochebuena en 1492, Colón iba a encontrarse con el cacique Guacanagarix, se encayó la Santa María. Dice un explorador norteamericano que ha descubierto los restos de esa nave.
Nuevas dudas, empezando en la propia España. Una reciente crónica del periódico “El País” recuerda que toda la madera del barco fue rescatada y con ese material se levantó el fuerte de La Navidad en territorio que hoy pertenece a Haití. Que, según un reconocido arqueólogo subacuático español, Colón mismo cuenta en sus diarios que de la Santa María no dejaron “ni un clavo”.
Como es que más de quinientos años después aparece la madera. Especialistas españoles opinan que probablemente el lugar del naufragio ya no sea marino sino costero, en vista la tendencia de la tierra de irle ganando espacio al mar.
Y así, son muchas las objeciones que, de paso, refuerzan la creencia de con don Cristóbal no hay cómo dar con la verdad monda y lironda y que definitivamente el Almirante tiene un fucú.
