La sociedad dominicana ha dejado atrás, en gran medida, la cultura de la sumisión política y la aceptación pasiva del poder.
Hoy, el ciudadano cuestiona decisiones públicas, exige rendición de cuentas y castiga electoralmente los abusos.
En el pasado reciente, predominaba la tolerancia al abuso ejercido por el poder político, judicial, militar o de cualquier otra índole, obligando al más débil a optar por el “déjalo así”, pues resultaba impensable ganarle un caso a alguien con poder. Prevalecía la idea de que no había forma de enfrentar los atropellos, porque como se repetía con resignación, “el poder es para usarlo”.
Hoy, aunque todavía falta mucho por corregir, este cambio puede asumirse como un proceso gradual: no es perfecto, pero sí irreversible. Estamos en el camino correcto hacia el respeto al derecho y a la igualdad que deben prevalecer ante la Constitución y las leyes, sin importar que se trate de un alto funcionario frente a un simple ciudadano.
La República Dominicana de hoy ha aprendido a hacerle frente a la corrupción, al uso indebido de los recursos del Estado y a la impunidad. Además, reclama salud digna, exige educación de calidad, demanda una justicia independiente, da seguimiento a la ejecución de obras, participa activamente y muestra empoderamiento ciudadano, lo que refleja una clara señal de madurez democrática.
El mensaje es claro para la clase política, tanto gobernante como opositora: la población dominicana no está dispuesta a seguir tolerando que quien ostente un poder otorgado por el pueblo crea que puede hacer lo que le plazca con los fondos públicos que administra.
Esto ya ha sido experimentado por gobiernos pasados y por el actual, lo que significa que los venideros tendrán la obligación de gobernar cada vez mejor que sus antecesores. Deberán evitar los errores que han generado indignación ciudadana y gobernar para el colectivo social, no para segmentos privilegiados de la población.
Que lo tengan claro: el mayor cambio político del país no está en los gobiernos, sino en la conciencia ciudadana, porque la sociedad dominicana ha dejado de ser espectadora para convertirse en fiscal del poder.
Esta madurez ciudadana no puede depender únicamente de coyunturas o gobiernos específicos. Debe sostenerse en el tiempo con coherencia entre el discurso y la acción, sin retroceder hacia la apatía ni el conformismo.
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José Miguel de la Rosa
Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, co...