El doctorado “honoris causa” de Manuel Maceiras
Nació en La Coruña (1935), la ciudad de Galicia más al noroeste de España, mirando hacia América desde su gran litoral.
Allí se licenció en Ciencias Químicas y en Filosofía, pasando por las universidades de la Sorbona, Paris, y Complutense de Madrid (UCM).
Aunque como estudiante, estuvo en otras universidades, entre ellas: La Sapienza de Roma, Friburgo, Estrasburgo y en la Escuela Práctica de Altos Estudios de la Sorbona, donde cursó dos años de formación investigadora.
En la enseñanza oficial en España fue catedrático por oposición en la Universidad Complutense, fue decano de la Facultad de Filosofía.
Hace apenas unas tres semanas que tengo el placer de compartir con el egregio e infatigable profesor, un volcán en erupción, por la tremenda actividad pedagógica que lleva a cabo en la formación del profesorado.
Sus extraordinarias cátedras nos han hechor rebotar en el pensamiento de un conciudadano suyo, el filósofo José Ortega y Gasset, y sus temas por la Universidad: “las circunstancias que obligan al hombre a constituir un tipo de existencia que se llama ´maestro´”.
Porque al elucubrar sobre las maravillosas ideas que expresó en el ´Taller sobre Pautas para la investigación y redacción de textos científicos y literarios´, ha dejado sembrado en nuestros corazones, algo más que la necesidad de que el profesorado que se disponga a realizar tesis doctorales, debe de escribir y escribir.
Nos ha dejado bien en claro, en el arsenal de métodos y técnicas, la instauración de una ciencia de la enseñanza, basada en un casi único y entero principio: el alumno.
Si, la responsabilidad de que el profesor tome una actitud de respeto al alumno, que no lo tome de rehén. “El educador debe comprometerse con el estudiante y no abusar de la autoridad… porque “el alumno no puede ser tocado, sea cual sea el conflicto con la autoridad educativa”.
Por haber promovido los Programas de Doctorado en la República Dominicana y en Puerto Rico, el 27 de febrero de este mismo año, la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico le concedió el grado de Doctor en Humanidades Honoris Causa, distinción “por su gestión académica e intelectual y por su labor en el servicio al Convenio de Cooperación académica y cultural entre la PUCPR y la Universidad Complutense de Madrid”.
Siento la admiración de los asistentes al escuchar su pedagógica razón en la concepción del título honorífico, exhortándoles a que no abandonen la tarea de investigar, siento su voz delicada decir: “no es tan complicado si se siguen métodos adecuados”.
En paralelo con la investigación “debe ser la escritura, la preocupación fundamental del profesorado, sobre del universitario”. “Sin escribir no se alcanza ni el conocimiento cabal de asunto alguno, ni se pueden apreciar sus aplicaciones. Sin textos escritos, razonados y argumentados, la ciencia no puede progresar”.
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