El desorden reina entre nosotros

Frederich E Berges
Frederich E Berges

El caos en que vivimos no altera para nada la necesidad que tenemos de despertar de este letargo consentidor; agobiados y cansados por la impotencia y la indiferencia con que dejamos que el desorden, la falta de institucionalidad y el irrespeto dominen nuestras vidas, señalándonos un camino frustratorio y equivoco.

Qué difícil es para el ciudadano cumplidor de sus responsabilidades, la ley y las buenas costumbres cuando la autoridad competente estima que un millón y medio de conductores de motocicletas a lo largo de todo el país andan con licencias vencidas o sin licencia alguna.

Una afrenta a la autoridad; y ni hablar la indignación que sentimos cuando un Amet le pide al conductor su licencia en afanes de imponer una multa, sabiendo que la mayoría de la población motorizada anda como chivos sin ley.

¿Cómo entender la vergonzosa noticia de que nuestro país registra la tasa de muertos por accidentes de tránsito más alta de la región, con un índice de 29 muertos anualmente por cada 100,000 habitantes, y de esta cantidad, más del 60% andaba en motocicletas?

Con semejantes cifras tampoco resulta difícil entender el por qué en la mayoría de los crímenes de robo y delitos mayores hay una motocicleta presente.

Y ni hablemos del caos vehicular, donde la sanción por el irrespeto a una señal de tránsito es solo aplicada a quienes no parezcan “padres de familia”, que como dueños del país, están exento toda clase de cumplimiento de leyes, señales y buenas costumbres de la vida urbana.

A tal desfachatez ha llegado este desorden que los propios representantes de esas empresas transportistas sindicalizadas han llegado a amenazar, actitud que bien han demostrado saben cumplir, a cualquier incitativa tendiente a imponer el orden, control y cumplimento. A nosotros sí nos exigen, a ellos no; así no podemos seguir!