Como visitante frecuente a la zona norte de la provincia de Samaná, soy testigo de su vertiginoso desarrollo y deterioro, dos caminos de contrasentido, puesto que el primero implica progreso, mientras que el segundo retroceso.
Sin dudas esto ha sido posible gracias a la construcción por cesión de la autopista del Nordeste, y sobre todo el famoso tramo de 29 kilómetros del Catey a Terrenas, con uno de los peajes más caros del mundo.
Según pude constatar actualmente se están levantando inversiones en diversos proyectos inmobiliarios nuevos, como el recién inaugurado hotel Donoma de la cadena Marriott, el hotel Spirit of Terrenas, el proyecto Blu Terrenas, el proyecto Reef en playa Bonita, el resort Gran Cosón y el residencial Silver Beach, entre otros. Se calcula que este conjunta habrá de aportar más de 1,200 nuevas habitaciones a este litoral playero.
Concomitante con este desarrollo, el Ministerio de Turismo ha realizado algunas inversiones como la tercera remodelación de la plaza de pescadores, que es un conjunto de locales para restaurantes, desfigurado con cada remodelación.
Aunque hoy luce bonita y colorida, en nada recuerda aquellas construcciones rústicas tan criollas que le dieron nacimiento. Pero fuera de esto, poco más se ha hecho o se esté haciendo.
El área sufre las consecuencias de un terrible servicio energético, ahogándose la capacidad instalada de Edenorte cada fin de semana largo cuando acuden más turistas que de costumbre. ¿Todos se preguntan y como será entonces el servicio si no hay nuevas subestaciones y líneas para cuando se inauguren todas las nuevas instalaciones en construcción?
Otra área similar es la del agua potable. A pesar de haberse construido una segunda toma para ampliar la capacidad del acueducto, por el típico descuido se han robado alambres y enseres de la instalación de la toma, manteniéndola inactiva. Y aun resolviendo esto, seguiría la escasez. Esto aplica por igual a la disposición de las aguas negras y los desechos sólidos.
Un desarrollo tan impresionante gracias a la inversión privada debía estar acompañada de una inversión pública que le dé sostenimiento. El Gobierno aún está a tiempo de reaccionar y evitar que el éxito se convierta en fracaso.