El caso del chino: Un ejemplo de violencia de género y legitimación social del agresor por estatus
Hace varios días, la República Dominicana se vio envuelta en una situación de violencia intrafamiliar, que se fue a los picos más mediáticos que se habían experimentado en casos similares desde hace muchos años.
Según los medios de comunicación del país, un hombre de nacionalidad china fue apresado por golpear a su pareja en presencia de un infante, de lo cual los vecinos se hicieron eco llamando el 911.
Este caso fue llevado a los tribunales y terminó bajo la imposición de una garantía económica para el agresor, ya que, se estableció que había violencia cruzada por parte de la pareja, es decir, que tanto el hombre como la mujer se ejercían violencia física, mutuamente.
Este pareciera ser un caso más de violencia intrafamiliar de los que ocurren a diario en nuestra nación, sin embargo, hay algo que llama mi atención y es la reacción de una gran parte de la población, lo cual me causó una gran decepción.
No sé si ustedes notaron la cantidad de mujeres que revictimizaron a la fémina que fue víctima de maltrato, llamándola “vividora” entre otras narrativas machistas que giraban en torno a la defensa del agresor por su estatus económico, ya que, el mismo es un empresario muy próspero, y qué decir de los hombres, los cuales evidenciaban una naturalización de este fenómeno social.
Este caso vuelve a traer a la palestra pública la razón por la que las mujeres de clase media alta y clase alta prefieren abstenerse a denunciar la violencia género. No es por la ausencia de esta, es precisamente para evitar los estigmas y los estereotipos sociales a los que son brutalmente sometidas, que la mayoría de las veces duelen más que los propios golpes. Lo cual es gravísimo.
Les aclaro que toda mujer, sin importar su pasado, estatus económico, etnia o religión tiene derecho a progresar junto a su cónyuge, porque lo mínimo que un hombre debe hacer por su pareja, además de brindarle seguridad y protección, es darle estabilidad económica. Tampoco esto quiere decir que, por mantener un estatus, una mujer sea merecedora de maltrato. Si estás pasando por una situación similar, es mi deber informarte que el Estado es un garante de derechos y el Ministerio de la Mujer puede asistirte legal y psicológicamente de forma gratuita.
Este caso destapó la doble moral que hay en el pueblo dominicano; porque hace muy poco, muchas personas mostraban preocupación por los recientes feminicidios, culpando al Gobierno de lo que está pasando y ante el primer caso mediático que ocurre de esta naturaleza, son los mismos que eligen a su maltratador favorito. Esto lo hacen porque el protagonista tiene mucho dinero y es extranjero, lo cual pone en evidencia nuestro complejo de Guacanagarix.
Ahora más que nunca confirmo que la violencia de género en este país es un tema estructural y la justifican dependiendo de quien la ejerza: Cuando es un hombre pobre, lo lanzamos a la “hoguera”, pero cuando es un empresario “poderoso”, toda la culpa es de la mujer.
No hay dudas que tenemos que trabajar en los hogares dominicanos, eliminando el machismo y los micromachismos que hay en la psiquis de cada habitante de esta nación. Nada justifica la violencia y cuando ocurre violencia cruzada, en la mayoría de los casos, las mujeres reaccionan por situaciones de defensa propia.
Me despido diciendo que, ninguna persona merece conocer el infierno bajo el techo de su propia casa.
Si estás atravesando una situación de violencia, busca ayuda en tu fiscalía más cercana o llama al *212.
“Cada historia de violencia de género es una herida social; erradicarla es sanar, proteger y devolver dignidad a quienes nunca debieron perderla.”