Hace tiempo varios países convirtieron en costumbre nacionalizar atletas para asistir a competencias internacionales y así elevar el nivel. En la actual versión del Campeonato Mundial de Fútbol, esa realidad alcanzó niveles sorprendentes.
Curazao participó con una nómina en la que 25 de sus 26 jugadores convocados nacieron fuera de sus fronteras. Eran nativos de los Países Bajos.
Le siguió la República Democrática del Congo, con 20 jugadores de sus 26 procedentes de Francia y Bélgica, mientras que Marruecos cuenta con 19 jugadores nacidos en España, Francia, Bélgica y Países Bajos.
El colmo lo presentó Bosnia con jugadores nacidos en 10 países diferentes. Además de los nacidos en Bosnia, contaron con futbolistas nacidos en Alemania, Austria, Suecia, Serbia, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Suiza y Estados Unidos. También Túnez contó con atletas nacidos en nueve países diferentes.
Recuerdo que cuando los dirigentes dominicanos se colocaron en esa onda recibieron muchas críticas, principalmente por nacionalizar a los chinos Nieve Xue Wu y Luis Lin Ju para competir como dominicanos en los Juegos Panamericanos de 2003, celebrados en el país. Luego, ambos siguieron representando al país con grandes éxitos en competencias internacionales, pero a los dominicanos, aún así, nos daba brega aceptarlos como nativos.
Luego de los chinos, las nacionalizaciones de atletas se ha reducido bastante. En baloncesto es que más se está ejecutando esa práctica con Josh Asselin, James Feldeine, Sadiel Rojas y Marques Townes, quienes han reforzado la escuadra nacional en eventos internacionales.
En béisbol se ha dado el caso contrario, que otros países se han reforzado con jugadores dominicanos, como sucedió en el pasado Clásico Mundial, que Puerto Rico se quedó con Willi Castro y Canadá con Otto López y apunta en algún momento a quedarse con Vlad Guerrero Jr.