Atenas.-El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, ha querido en gran parte evitar decisiones sobre un mayor alivio de la deuda griega antes de que el actual programa de rescate del país termine en 2018, a pesar de los consejos en contrario del FMI.
Además, los ministros de Finanzas han insistido hasta ahora en que Grecia alcance y mantenga un superávit primario del presupuesto de 3,5 por ciento del ingreso nacional –meta que el FMI llama indeseable y, en todo caso, inalcanzable–.
En ambos puntos ha prevalecido la inmovilidad.
El convenio elude una crisis financiera inmediata, lo cual es algo, sin duda. No evita realmente las medidas, incluido un alivio adicional de la deuda, que tarde o temprano se necesitarán para poner a la economía griega otra vez en terreno firme.
Pero es un avance con características europeas: uno que no arregla nada. La próxima crisis de financiación, que de otra manera habría llegado este verano boreal, ha sido evitada: Grecia obtuvo dinero que le durará hasta octubre.
Para hacer esto posible y mantener una apariencia de cortesía, sus acreedores oficiales han aventurado varios compromisos parciales y entendimientos vagos. Quedan los desacuerdos básicos – entre Alemania y el Fondo Monetario Internacional- sin resolver.