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Eficacia sin cananas

Si la competencia para cualquier función pública fuese el criterio para las designaciones en ministerios y otros cargos relevantes, quizás el gabinete del presidente Abinader diera menos dolores de cabeza.

Revisen la lista de escollos que el Gobierno ha enfrentado desde 2020: en casi todos los casos hay algún protagonista cuyo activismo político fue premiado con responsabilidades mayores que sus destrezas y conocimientos. Igualmente superan la idoneidad las aspiraciones de mejoramiento socioeconómico por vía de la labor política partidista, porque “merecer” alguna designación o los “compromisos” de quien decide, pesan mucho más que las expectativas de excelencia o buenos resultados.

Los grandes partidos del último medio siglo que han gobernado, acusan similares lisios: desde Balaguer al nombrar ministros a analfabetas funcionales para recordar a los demás quién mandaba, hasta recientes casos de jefes del Estado que hacen suya una expresión típica de la astucia campesina, “yo no me doy cuenta…”. Hay casos risibles como que una cirugía plástica sea el más notable logro de una gestión y otros más vergonzosos cuyo procesamiento judicial merece igual o mayor entusiasmo por parte de fiscales que los de funcionarios del gobierno anterior.

Al ver la reunión del consejo de ministros para relanzar al Gobierno priorizando la ejecución de proyectos estratégicos con mayor impacto social en 2026, recordé que Lincoln se quejó de que la tarea más difícil de un presidente es designar a sus colaboradores, pues para cada cargo con diez aspirantes nueve quedan disgustados cuando no son nombrados.

Por eso quizás hacer decretos atendiendo sólo compromisos partidistas o desdeñando a los más capaces es una difícil ruta hacia la eficacia y segura siembra de más escollos.

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Abogado, periodista y escritor dominicano.

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