EE. UU. cayó en el gambito de Ormuz
La periodista Erika Solomon, de The New York Times, ha titulado uno de sus artículos recientes de esta manera: “Irán y EE. UU. se hunden en un incómodo limbo de ni guerra ni paz”. Y tiene razón, al menos hasta el momento de escribir este texto, pues hay capitanes capaces de dar un sorpresivo golpe de timón, aunque se hunda el barco.
Lo único cierto hoy es la incertidumbre. Tanto Donald Trump como Irán parecen jugar al tiempo, a la resistencia, a ver quién se quiebra primero.
Al parecer, Trump y sus asesores pensaban que sería algo fácil y rápido vencer al país persa. No ha sido así. Dos meses después del inicio de la guerra, el gobierno iraní luce más fortalecido que antes de que comenzaran los bombardeos, mientras la aprobación del inquilino de la Casa Blanca está en su peor nivel.
Según cálculos de fuentes confiables, citados por el propio The New York Times y otros medios, los primeros siete días del conflicto representaron un costo de 11 mil millones de dólares. A ello se suma un ritmo estimado de al menos mil millones diarios. Van 60 días.
Lo curioso es que entre las principales demandas de Estados Unidos para poner fin a la guerra está que Irán abra el Estrecho de Ormuz, por donde pasa más del 20% del crudo que se consume en el mundo. Pero el estrecho ya estaba abierto antes del conflicto.
Irán, entretanto, sostiene que mantendrá restricciones mientras Estados Unidos continúe su presión militar en la zona.
Ormuz se ha convertido así en un estrecho con dos candados: uno iraní y otro made in USA. Una paradoja tan simple como peligrosa.
Estados Unidos e Israel exigen también que Irán abandone su programa nuclear.
Teherán insiste en que no tiene intención de desarrollar armas atómicas. Washington no le cree y exige su renuncia total a esas presuntas capacidades.
Lo cierto es que, tras el uso de cientos de toneladas de bombas, misiles y drones, y el mayor despliegue militar visto desde la Segunda Guerra Mundial, las partes parecen exhaustas. Se ha instalado un equilibrio por desgaste. No hay guerra abierta, pero tampoco hay paz.
El poderío militar de Irán es incomparable con el de Estados Unidos, no hay dudas. Pero los expertos en geopolítica advierten que los iraníes controlan un arma tan poderosa como una nuclear: el estratégico Estrecho de Ormuz.
La prolongación del conflicto, sin una salida clara, también ha tensado la relación de Washington con sus aliados europeos desde Reino Unido, España, Francia hasta Alemania, al punto de que el canciller alemán, Friedrich Merz, acaba de afirmar que Irán estaba humillando a Estados Unidos en el campo de batalla y en la mesa de negociación.
Quién diría que, como en un gambito en el ajedrez, la trampa persa funcionaría con tanta eficacia en el referido estrecho.
Lo paradójico es que, una vez dentro del gambito, el jugador de las blancas tiene pocas probabilidades de proclamarse vencedor. Las negras tampoco. Tablas es lo más sensato. Tristemente, hay quienes apuestan a la guerra, y seguirán hasta que Irán se rinda, algo poco probable, o hasta que la economía global y/o el establishment estadounidense lo resistan.
*La palabra gambito remite al ajedrez y significa sacrificar una pieza al inicio para obtener ventaja después. En política y estrategia, se usa como sinónimo de maniobra calculada o jugada de riesgo.
