Edwin fue un gran chasco
El pasado viernes escribí que para adjudicarse el título que ostentaba Andre Ward, el dominicano Edwin Rodríguez tenía que dejar alma, vida y corazón sobre el cuadrilátero.
Pero no dejó ninguna de las tres cosas, dado que su actuación fue sencillamente mediocre.
Su primer revés, en lo sicológico, fue no hacer el peso , por cuya causa perdió 200 mil dólares de la bolsa de un millón.
Demostró que su técnica es muy pobre, al punto que su rival, a pesar de tener más de un año de inactividad, “relajó” con él durante los 12 asaltos.
Lo que sí se puede afirmar sin temor a duda es que tiene una quijada de concreto, ya que Ward le aplicó golpes de todos los calibres y se mantuvo impertérrito.
Cuando comenzó la promoción, los fanáticos en el país se hacían la ilusión de que el mocano invicto radicado en Nueva York, y recientemente ganador de un campeonato en Mónaco, le daría una paliza a un rival que venía de una delicada intervención quirúrgica en el hombro.
Tras el pleito, quedó un sabor amargo entre los fanáticos dominicanos que se entusiasmaron en la creencia que Rodríguez era poseedor de una pegada letal y una gran técnica.