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Educación electoral y valores democráticos

Wilfredo Mora Por Wilfredo Mora
Wilfredo Mora
Wilfredo Mora

La democracia es la eterna variable dependiente entre las categorías mayores de la sociedad. Siendo el ser humano el sujeto que porta los valores que nos permiten elegir y actuar de la mejor manera posible, estos se pueden convertir en un proyecto institucional.

En un sistema humano tan peculiar como lo es la Administración electoral, la educación en valores democráticos y la investigación formativa para construir ciudadanía, está logrando una de sus principales metas, la cual consiste en preparar a cada uno de los individuos para el cometido social de la vida democrática.

Desde Claude Lefort, con su singular ensayo “Un hombre que sobra” (1974), hay una vuelta a interrogar tanto lo político como lo educativo, ya que “la democracia tiene un significado que es irreductible a cualquier forma de gobierno o mecanismo para la toma de decisiones”.

Si adoptamos su punto de vista, el medio idóneo del poder como un lugar simbólicamente vacío y su concepción de los derechos humanos como derechos políticos sólo lo podemos alcanzar a través de la educación cívica de las masas.

Por otro lado, las nociones de la Constitución liberal legada por las teorías de los grandes maestros del constitucionalismo europeo (la lista es muy larga para citar nombres aquí), en la que la Constitución normativa es, a la vez, un programa político y un manual para ejercer el control con la educación de los valores democráticos. Principalmente dos de ellos: la igualdad y la libertad, aunque existen muchos más.

Al decir, que República Dominicana es un Estado social y democrático de derecho, está organizada en forma de república unitaria, está se fundamenta en el respeto de la dignidad humana y los derechos fundamentales; por lo tanto, el régimen democrático —a pesar de todas sus desviaciones y limitaciones—, está en condiciones de servir a los valores políticos, económicos y funcionales de una sociedad desarrollada, y sólo sobre el régimen democrático puede construirse un verdadero y eficaz Estado social.

Así surge la cultura de la educación electoral que, en un sentido más amplio de los problemas democráticos, expresa su preocupación ante la necesidad de configurar una nueva sociedad, más allá de los valores comunes forjados en el pasado. Y la motivación se deriva de la pregunta: ¿cómo vivir en democracia? Por aquello de que la democracia no es un fin de la Constitución, sino una condición de ella y, por tanto, permite establecer como fines la libertad y la igualdad, y otros valores fundamentales.

Para dar respuesta a estos cuestionamientos, muchos sistemas electorales están empezando a implementar programas educativos de educación electoral.

El propósito es fortalecer la democracia y fomentar una participación cívica consciente y activa, a la vez que se espera promover el conocimiento de los procesos electorales y desarrollar los valores democráticos como una forma expedita de aumentar la participación ciudadana en asuntos político-electorales.

Estas ideas arriba citadas resultaron ser una de las líneas investigativas de la Especialidad de Administración Política Electoral, en el Instituto Especializado Superior de Formación Política Electoral (IESPEC), en ocasión donde el presidente de la Junta de Regentes del IESPEC y presidente de la Junta Central Electoral (JCE), el honorable ciudadano Román Jáquez Liranzo, dirigió unas palabras de estímulo a la primera camada de estudiantes que están próximo a acercarse a la conclusión de los estudios de posgrado, a los que se comprometieron, y a los fines de que se relacionen directamente con las necesidades apremiantes por parte del organismo de formación electoral y asuman los retos que el mundo actual exige.

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