Edificar el bien común (1)

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David Álvarez Martín

David Álvarez Martín

León XIV aborda cuatro ángulos sobre la necesidad de construir una sociedad articulada en torno al bien común. Sobre este tema tuvo comentarios muy agudos y precisos en su reciente viaje a España, no solo en la Cortes, sino también en sus encuentros con grupos excluidos y marginados. Especialmente para la derecha y la extrema derecha todas sus observaciones sobre construir una sociedad en base a la justicia, la igualdad y la tolerancia fue un trago amargo escuchar al sucesor de Pedro, pero no cambiaron sus propósitos.

Entre los acápites 11 y 14 Prevost apuntala los elementos esenciales para una vida social donde todos puedan florecer. Hermosa imagen que recoge la imperiosa necesidad de que la vida social, económica y política debe favorecer el desarrollo de todos y todas, para que puedan aportar sus talentos para el beneficio de toda la comunidad. Ni el neoliberalismo, ni las políticas de exclusión y marginación, están alineados con ese propósito. La extrema derecha está sembrando en todo el mundo formas inhumanas de desigualdad y miseria.

El primer aspecto que señala Prevost es que Dios ha inscrito en nuestro corazón un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida. Por tanto, la búsqueda de la igualdad, la justicia y la tolerancia responde a nuestra naturaleza más profunda, tal como hemos sido creados. Por tanto, es responsabilidad de la Iglesia comprometerse con ese objetivo en el diálogo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, siente la urgencia de custodiar y orientar esa aspiración hacia su verdad más profunda.

No se trata de que la Iglesia tenga un partido político, como ocurrió en décadas pretéritas. Aunque todavía algunos aspiran a manipular el adjetivo de “cristiano” o “católico” para identificar sus ambiciones de poder que regularmente son opuestos radicalmente a los valores del Evangelio y de la DSI. Una de las instituciones “católicas” convocantes a líderes y partidos difundieron un poster donde decían que los conquistadores españoles de América no fueron genocidas, ni esclavistas, sino fueron héroes y santos. ¡Que bárbaros! En el mejor de los casos son ignorantes, en el peor son perversos.

El segundo aspecto que destaca León XIV es que edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. No es cierto que la historia es lineal y mucho menos ascendente, no hay un guion histórico, el historicismo demostró su naturaleza inhumana a lo largo del siglo XX. Y es que sabemos mucho de los engaños que se difunden en la actualidad. Por eso es importante destacar que hoy en día el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas engañosas: la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros. Es en este acápite 12 donde por vez primera Prevost señala el tema de la tecnología en el texto.

Contrario a las posturas eurocéntricas y el chauvinismo de la ultra derecha española y el integrismo religioso, la Encíclica destaca que no es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. Es tan serio esto cuando un solo individuo se jacta de tener una riqueza equivalente a más del 46% de la población mundial o una tonta madrileña acude a México a exaltar la infame figura de Hernán Cortés.

El resumen de este segundo punto, desde la perspectiva de León XIV: La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: allí donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado recíproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos.

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Sobre el autor

David Álvarez Martin

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Madre.