Dos imágenes bíblicas

DAVID-ALVAREZ-Martín
David Álvarez Martín

Entre los acápites 7 al 10, todavía en la introducción del texto, León XIV se vale de dos imágenes bíblicas para comenzar a desbrozar el camino que abrió con las preguntas del acápite 6. Son dos relatos del Antiguo Testamento. El primero netamente mítico, común a muchas de las culturas del creciente fértil, entre la Mesopotamia y el Nilo, donde las inundaciones eran a la vez destrucción y fertilidad. El segundo es histórico, ubicado en el siglo V antes de nuestra era. Siglo de Pericles y Sócrates en Atenas, y de Artajerjes I y Nehemias en Persia.

La primera imagen es la construcción de la torre de Babel (cf. Gen 11,1-9). De dicho relato Prevost saca esta enseñanza. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma, la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersión.

De esa enseñanza merece evaluarse la insensatez del movimiento MAGA en Estados Unidos, o VOX y su inhumana política de Prioridad Nacional que le está comprando irresponsablemente el PP en España o las agresiones racistas de la pandilla Antigua Orden Dominicana y sus patrocinadores en la sombra. La negación de la diversidad, el intento de controlar la sociedad, la negación de la dignidad humana y el culto al poder conducen a la miseria y a la guerra. Detrás de todo nacionalismo existe el riesgo del chovinismo y por tanto se agazapa el demonio de la deshumanización.

La segunda imagen proviene del texto de Nehemias y su esfuerzo por reconstruir Jerusalem. El Papa destaca su proceder. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras.

El proceder de Nehemias es hacer comunidad, abrir las compuertas para la diversidad dialógica, poner en el centro del bien común y no la riqueza de una minoría. Es el camino de la sinodalidad que Francisco impulsó y León sigue empujando, es el sendero de una verdadera democracia donde todos participen lúcidamente y no manipulados por populistas y redes sociales, es la economía solidaria que no pretende enriquecer a una plutocracia.

Prevost recoge el concepto de talento en los evangelios (Mt 25,14-30), en sintonía con el texto de Nehemias, y señala que el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso. Los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar. La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias.

El desarrollo de la ciencia y la tecnología posee la dirección de quienes la usan, sus dueños y promotores. Un dron puede ser un gran instrumento para transportar alimentos y medicamentos, supervisar cultivos y el estado del medio ambiente, pero como vemos en las noticas, es usado como una arma de guerra terrible. La tecnología no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza.

Prevost pone el acento en quienes controlan política y financieramente la tecnología y el uso que hacen de ella. El debate por tanto no es tecnológico, sino sobre el poder que ejercen minorías para controlar las mayorías. Ahí está la clave de la deshumanización. Por eso afirma que este es el riesgo de la deshumanización —construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio—, una tentación antigua y siempre nueva, que hoy también toma un rostro técnico.

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Sobre el autor

David Álvarez Martin

Doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Pontificia Universidad Católica Madre y Madre.