Don Willy Rodríguez

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Claudio Caamaño Vélez
Claudio Caamaño Vélez

Muchas cosas de la vida de don Willy las supe después de su muerte. Sus proezas para promover el desarrollo de la radio en la República Dominicana y la cantidad de comunicadores que lo tuvieron como escuela y mentor.

Tal vez eso fue así por la distancia generacional que nos separaba, y sobre todo porque don Willy era una persona de gran humildad que no solía andar pregonando su trayectoria.
Pero algo que supe desde el primer día que tuve el honor de conocerle, fue que era un ser noble, sencillo y de gran calidad humana.

Dicen que es fácil hablar bien de una persona fallecida, pero en el caso de don Willy, lo que conocí de él de manera directa y a través de amigos en común, son solo cosas buenas.
Siempre que le escribí o llamé tuve respuesta; siempre que le solicité espacio para abordar algún tema, sin importar cuál fuera, tuve su colaboración.

Un consejo que recibí de su parte, que siempre he atesorado, y ahora más; una recomendación de la cual él era un vivo testimonio: abordar los temas de interés público con objetividad. Es algo que trato de ejercitar, aunque reconozco que debo seguir esforzándome.

Como persona me apena perder un amigo, pero más me duele como dominicano haber perdido a un importante referente, a un ciudadano comprometido con su país y su pueblo.
Solo nos queda agradecer a Dios por su vida y su legado, por el ejemplo que nos deja, y por esa larga estela que dejan las estrellas en su paso por el mundo.

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