Don Mario Cáceres, ciudadano ejemplar

Don Mario Cáceres, ciudadano ejemplar

Don Mario Cáceres, ciudadano ejemplar

Carlos Salcedo

Nos sorprendió y entristece la inesperada partida de don Mario Cáceres. Imagino la aflicción de doña Ida, su amada esposa; sus hijos, María Isabel, Ana María, Mario Tadeo y Rosa Pierina, nietos y demás familiares.

Don Mario hizo de su vida un servicio de amor, entrega, desapego, sin poses ni estridencias, con todas sus fuerzas, por la agricultura, el asociacionismo, la educación, la cultura, el desarrollo, la paz y la familia.

Don Mario asumió la continuidad del legado de su abuelo, presidente Ramón (Mon) Cáceres, pacificador del país, que estableció una nueva política económica, reorganizó el ejército y construyó obras de infraestructura necesarias en el país. En su memoria, en Estancia Nueva, creó el Museo Ramón Cáceres, donde sus visitantes se nutren de la vida y obra de ese ilustre presidente mocano.

Don Mario deja huellas indelebles en la sociedad mocana, espaillatiana, cibaeña y nacional. Fue fundador y colaborador del Banco Popular Dominicano, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PCMM), la Asociación para el Desarrollo de la provincia Espaillat (ADEPE), la Asociación de Caficultores Villa Trina y la Cooperativa de Criadores del Cibao, entre otras instituciones con frutos destacados.

Don Mario era un hombre de sólidos valores y principios, familiares, cristianos, morales y ciudadanos, los que practicaba firmemente; pero con templanza y respeto por los demás, comportamiento propio de seres singulares como Gandhi, Mandela y santa Madre Teresa de Calculta.

Don Mario vivía convencido de que para hacer posible el desarrollo quienes administran la cosa pública deben estar dotados de conocimiento, compromiso y la honestidad propios de quienes, por procurar el bienestar común, tienen que ser ejemplos de integridad.

Su paso por la administración pública fue guía de pulcritud. Para quienes bebimos de su sabiduría y preocupaciones por el devenir del país, podemos afirmar que su principal cualidad ética fue la ejemplaridad, pues tenía las aptitudes para servir de ejemplo como lo hizo, siendo digno de ser prototipo para todos.

Nos deja físicamente; pero nos quedamos con la memoria de un ciudadano ejemplar: buen hijo, padre entregado, esposo cariñoso, excelente hermano, amigo y consciente de su deber, entregándole a Moca y al país, con amor “hasta que le doliera”, todo lo que era y tenía.

El desconsuelo que nos abate lo superaremos con la alegría que lega una vida que nos sirve de modelo inspirador de desprendimiento, generosidad y entrega hacia los demás.