Discurso de rendición de cuentas: poca ebullición en el Congreso Nacional
No hay clima de confrontación exacerbada ni expectativa desbordada
Santo Domingo, RD. – El Congreso Nacional se encuentra listo para recibir al presidente de la República, Luis Abinader, y a la vicepresidenta Raquel Peña, en cumplimiento del mandato constitucional que obliga al jefe de Estado a comparecer cada 27 de febrero ante la Asamblea Nacional para presentar su rendición de cuentas.
Se trata de un acto que, más allá de la formalidad, funciona como termómetro político del momento.
Un Congreso sin ebullición
En las primeras horas de la mañana, la atmósfera en los alrededores del Congreso luce distinta a la de ciclos anteriores.
No hay la efervescencia masiva de ciudadanos apostados en las inmediaciones, ni la habitual movilización intensa de funcionarios y figuras públicas que suelen convertir el acto en una suerte de pasarela política.
No significa ausencia. La realidad es que sí están personalidades de distintas áreas de la vida social, pero se percibe menor tensión, menos dramatismo.
El país transita un año que no es preelectoral, y esa variable pesa. Aún queda tiempo suficiente para el montaje del próximo proceso electoral, lo que reduce la presión inmediata sobre el discurso presidencial.
Oficialismo y oposición: el libreto conocido
Como es natural, la oposición llega con reservas. Más que un gesto simbólico, su postura anticipa el debate posterior: cuestionamientos sobre cifras, ejecución presupuestaria, promesas pendientes y el balance real del último año de gestión.

Del lado oficialista, la narrativa se mantiene cohesionada. Funcionarios y legisladores defienden la obra de gobierno apelando a tres ejes reiterados en la comunicación gubernamental: transparencia, rendición de cuentas y resultados tangibles.
La idea de “gobierno efectivo” vuelve a colocarse en el centro del discurso, acompañada de estadísticas y obras previamente anunciadas.
Un discurso amplio, con dos tiempos
Se espera, como ha sido costumbre del mandatario, un discurso extenso que abarque todas las áreas de la administración pública.
En una primera parte, el recuento de lo ejecutado; en una segunda, la proyección de lo que se propone realizar en el año en curso.
Ese esquema —balance y promesa— permite al presidente no solo defender lo hecho, sino también marcar la agenda futura.
En términos estratégicos, es una forma de administrar expectativas.
Entre las luces que probablemente serán resaltadas figura la reciente inauguración de la línea 2C del Metro de Santo Domingo hasta Los Alcarrizos, una obra presentada como insignia de infraestructura y que, tras meses de retraso respecto a los plazos iniciales, fue finalmente puesta en funcionamiento.
También se anticipan referencias a avances en salud, construcción hospitalaria, edificaciones públicas y educación, áreas en las que el Ejecutivo ha insistido en mostrar indicadores de mejora y ampliación de cobertura.
Pero más allá del contenido específico, el dato político del día parece ser el tono. La baja intensidad en el ambiente podría interpretarse como reflejo de estabilidad o, si se quiere, de rutina institucional.
No hay clima de confrontación exacerbada ni expectativa desbordada.
