Diplomacia deportiva: del Mundial de Fútbol 2026 a los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026

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Nos hemos motivado a escribir este artículo sobre diplomacia deportiva por dos eventos de vital relevancia a nivel internacional. El primero es la final del Mundial de Fútbol 2026, que se disputa este domingo 19 de julio en el estadio Nueva York–Nueva Jersey, entre las selecciones de España y Argentina.

Un Mundial que ha tenido 16 ciudades anfitrionas distribuidas entre Estados Unidos, Canadá y México. A juzgar por los países que disputan la final, podemos decir que el cierre del torneo se jugará en clave plenamente hispano e iberoamericana.

Noventa y seis años después de la primera Copa del Mundo, el fútbol volverá a vivir una final entre dos selecciones hispanohablantes. Será apenas la segunda ocasión en la historia en que dos países cuya lengua oficial es el español disputen el título mundial. El único antecedente se remonta a Uruguay 1930, cuando la selección anfitriona derrotó 4-2 a Argentina en el estadio Centenario de Montevideo.

Nuestro segundo motivo para escribir sobre diplomacia deportiva se centra en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, que se celebrarán en la República Dominicana del 24 de julio al 8 de agosto. Tal y como reconoce la organización, estos juegos constituyen la competición multideportiva regional más antigua del hemisferio occidental reconocida por el Comité Olímpico Internacional (COI) y reúnen a Centroamérica y el Caribe en un escenario de excelencia atlética.

Además de fomentar el espíritu competitivo, han servido como un puente para fortalecer los lazos deportivos y culturales entre los países de la región.

Con la celebración de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, en los que competirán 37 naciones en 40 disciplinas, la capital de la República Dominicana se proyecta como un referente del deporte en América Latina y el Caribe.

Desde la perspectiva de la proyección internacional, consideramos que ambos eventos deportivos pueden enmarcarse dentro de la diplomacia deportiva. Según la organización internacional Diplo, esta se centra en "el uso estratégico del deporte, los atletas y los grandes eventos deportivos por parte de actores estatales y no estatales para promover objetivos de política exterior".

Este enfoque constituye una rama de la diplomacia pública cuyo propósito es proyectar influencia cultural, fortalecer la reputación nacional y construir vínculos culturales más allá de las fronteras.

A través de la diplomacia deportiva, los países pueden fortalecer su imagen internacional, ampliar su influencia global y promover sus valores e identidad nacional.

Se trata de una manifestación del llamado poder suave (soft power), concepto popularizado por el experto en relaciones internacionales Joseph Nye a finales de la década de 1980. Mediante esta estrategia, los gobiernos y otros actores internacionales pueden alcanzar objetivos sin recurrir a la coerción militar.

Al pensar en la diplomacia deportiva resulta inevitable recordar al líder sudafricano Nelson Mandela, símbolo de la lucha contra el apartheid, quien afirmó: "El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar y de unir a la gente como pocas otras cosas. Tiene el poder de derribar barreras sociales".

Profundizando en ese poder, podemos sostener que la diplomacia deportiva también contribuye a aliviar tensiones políticas entre líderes y naciones.

En el caso de la Copa Mundial de la FIFA 2026, este principio cobra especial relevancia, ya que el evento reúne a figuras como Donald Trump, presidente de Estados Unidos; Claudia Sheinbaum, presidenta de México; Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España; así como a los reyes de España, Felipe VI y Letizia, junto con la princesa Leonor y la infanta Sofía.

Si recordamos los titulares que, en distintos momentos, han ocupado la prensa internacional debido a las tensiones entre algunos de estos países, resulta evidente que el encuentro de sus principales autoridades con motivo de la final de la Copa Mundial constituye un ejemplo del poder de la diplomacia deportiva para propiciar espacios de diálogo, acercamiento y convivencia, más allá de las diferencias políticas.

Por otra parte, tal como anunció la FIFA, por primera vez en la historia de la Copa Mundial los campeones del torneo recibirán, además del trofeo, un anillo de campeón diseñado especialmente para ellos. Esta iniciativa traslada al fútbol una de las tradiciones deportivas más emblemáticas de Estados Unidos y representa otro ejemplo del alcance de la diplomacia deportiva.

Siempre se ha dicho que, tanto en el deporte como en la vida, el triunfo debe corresponder a quien mejor compita y demuestre su excelencia en el terreno de juego. Ese es el espíritu que inspira tanto la final de la Copa Mundial de la FIFA como los Juegos Centroamericanos y del Caribe: dos escenarios donde el esfuerzo, la disciplina y el talento son los verdaderos protagonistas.

Finalmente, deseamos que la República Dominicana alcance una destacada actuación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, conquistando la mayor cantidad posible de medallas y llenando de orgullo a toda la nación. ¡Que gane el mejor y que el deporte siga siendo un puente de unión entre nuestros pueblos!

Sobre el autor

Kenia Del Orbe