Diálogo y debate
Los dominicanos —y otros caribeños de origen español— discutimos feamente. Alzamos la voz sin necesidad. Discurrimos más emotiva que racionalmente. Nos subimos como la espuma de cerveza. Se nos dificulta escuchar al otro con empatía o para encontrar alguna coincidencia que permita solucionar cualquier problema.
Sin embargo, quizás porque Tatica, llena de Gracia, nos cuida pese a dolorosos y sangrientos desacuerdos, desde 1961 hemos construido una nación de la que deberíamos estar más orgullosos. ¡También somos quejosos superlativos! Tras la matazón de los doce años por el rechazo de la izquierda a buscar el poder con votos en vez de tiros, los ocho años perdidos del PRD, la vuelta al poder de Balaguer por diez años más, los 20 años del PLD con el interludio de los cuatro de Hipólito Mejía, podemos ver que en esas seis décadas y pico hemos logrado prodigiosamente multiplicar el PIB casi por siete, crear una amplia clase media, gozar de estabilidad y relativa paz social y acudir regularmente a elecciones para votar.
¿Se imaginan cuánto más habríamos progresado si nuestros hogares, escuelas, colegios y liceos enseñaran y cultivaran las técnicas del debate, la oratoria y el diálogo constructivo para resolución de conflictos? Por eso, me agrada felicitar a Alejandro Farach, su Fundación Farach y al Colegio Loyola, por su quinto Premio a la Oratoria, realizado ayer jueves, con el lema “El diálogo gana la batalla”, en memoria de su brillante alumno el ingeniero Alejandro Farach Cruz, ido a destiempo. Ojalá otros colegios y el Ministerio de Educación aprovechen esta rica experiencia.
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