“Día por día”
Atribuir el enorme frío de la semana pasada en Norteamérica a un “vórtice polar” suena como trama de película de ciencia ficción.
Leo que al mismo tiempo en Buenos Aires, en pleno verano austral, los peces de sus parques han muerto por el calor inusualmente elevado.
Al meditar sobre el contraste pensé, ¿estarán los humanos como los sapos a quienes meten en una olla de agua tibia a la que van subiendo el fuego para hacerla hervir sin que el maco salte fuera, porque se va acomodando hasta sancocharse? A diferencia de esos anfibios de sangre fría, la gente posee menos tolerancia a esos cambios extremos.
Pero esa sensibilidad la tenemos en la piel.
¿Y en la mente? ¿Estará la humanidad echada plácidamente en el fondo de un bullente caldero viendo el cambio climático como si fuésemos unos felices sapos?
