“Día por día”

Uno de los sofismas más invocados por quienes desean que los dominicanos absorbamos sin chistar la enorme inmigración ilegal haitiana es que nosotros mismos somos emigrantes.

Ciertamente varios millones de dominicanos han huido del país para establecerse en los Estados Unidos o Europa.

Pero en ninguno de esos países, los propios emigrados ni el gobierno dominicano jamás han mantenido campañas mediáticas, diplomáticas o con otras presiones para pretender obligar al Estado receptor a variar sus leyes o graciosamente nacionalizar como suyos a los nuestros.

Por eso, la comparación carece de razón y no es más que un argumento falso con apariencia de verdad. Nuestro poeta Norberto James, él mismo residente en los Estados Unidos, en sus versos “Los inmigrantes” canta “Aún no se ha escrito / la historia de su congoja. / Su viejo dolor unido al nuestro…”.

De todas las inmensas diferencias culturales, políticas, religiosas, raciales, económicas y anímicas entre dominicanos y haitianos, hay que resaltar que los dominicanos nunca hemos creído razonable ni legal joder a quien nos acoge.