“Día por día”

El 30 de marzo de 1979, durante la inauguración del nuevo edificio de la Casa Haché en Santiago, me tocó como reportero de “El Caribe” cubrir la asistencia al acto del presidente Guzmán.

Al concluir los discursos, un jefe del DNI me propinó un codazo en pleno plexo solar que casi me desmaya.

Instintivamente, porque soy un chin pendejo, respondí con un trompón que aterrizó entre nariz y labios del enorme atacante. Dos subalternos suyos me levantaron en vilo y justo cuando esa mole humana enfurecida me volaba encima, se interpuso el jefe del Ejército, general Ramiro Matos González.

“¿Está loco?!”, increpó Matos al del DNI. La cuestión es que me salvé de una tunda y aunque años después Roberto Gobaira y yo limamos asperezas, fue un momento terrible.

He visto que en estos días el general Matos pasa un trance por causa de su servicio militar como capitán que peleó contra las guerrillas de 1963 y quizás eso me recordó mi susto de hace 35 años.