“Día por día”
Si mi papá, Ventura, no hubiese fallecido a sus 63 años en 1980, mañana 27 de agosto cumpliría 100 años de edad, una meta que los avances médicos hacen posible con mayor frecuencia que antes.
Este centenario del nacimiento de mi padre me remueve sentimientos e ideas. Me enorgullece su hombría de bien y honestidad y cuán bien supo escoger de entre sus amigos a aquellos a quienes llegué a llamar “tío”.
Su curiosidad intelectual, gusto por la lectura, la cocina, la cacería y la pesca, son parte de cuanto heredé suyo. Trabajar toda la vida en una misma empresa, R. Esteva & Cia., con sus amigos don Fello Esteva y don Baby Ricart, es hoy algo impensable para cualquier joven.
Las níspolas, fruto del níspero, eran de sus frutas preferidas y en casa tengo un enorme árbol que a él le habría encantado.
Los veranos en Comatillo y Palmar de Ocoa son un tesoro en mi memoria. Veo alrededor mío y hay muy pocos hombres tan extraordinarios como mi papá.
