“Día por día”
¡La vida es bella! Ya de noche cantan ágiles querebebés. Las margaritas, pequeñas versiones caribeñas de la manzanilla o camomila europea, están a punto de su floración en todas las llanuras costeras. Los flamboyanes chorrearán fuego floral desde las faldas de las lomas cibaeñas.
En muchos robles criollos aún flotan algunas de sus frágilmente bellas flores albiazules o casi lila y los japoneses están preñados de amarillo.
Distintas variedades de palmas exhiben extravagantes racimos de flores o semillas, un espectáculo realmente hermoso.
Pese a quejarnos de que nuestro clima casi no varía, sí hay distintos encantos según cada estación.
Por ejemplo, ya los días están más largos que en enero; en la mar brisas más fuertes rizan su superficie distinto a la quietud previa a la cuaresma.
Aguzar los sentidos para apreciar cuánta belleza nos obsequia cada día es un ejercicio que puede parecer bobo, pero quizás ciudadanos más sensibles o en estado poético resulten mejores para construir la nación que muchos soñamos. Ante tantos regalos para el espíritu, ¿cómo amargarse?
