“Día por día”
Guardando la debida distancia (hay comparaciones odiosas o presumidas) ningún lector de diarios estadounidense buscaba la columna del difunto William F. Buckley para ver puntos de vista liberales o favorables a los demócratas. Tampoco actualmente quienes leen en el New York Times al economista liberal Paul Krugman esperan que opine favorablemente sobre los republicanos o alguna idea conservadora o derechista.
Invoco ejemplos gringos para obviar lo evidente en cuanto a ciertos columnistas criollos que, como es mi caso, poseemos preferencias que preferimos no disimular.
Es obtuso en grado superlativo exigir o esperar imparcialidad en artículos de opinión cuya función es precisamente tomar partido, según la mejor consciencia del autor.
Conozco colegas que hicieron carrera como anti-balagueristas y tras su muerte engancharon como anti-leonelistas, cuyas claques les aplauden delirantemente como cumbres del llano periodismo criollo.
Ser periodista dizque izquierdista, liberal, ambientalista, progresista, pro-haitiano, fan de Wally, revolucionario o ex guerrillero/terrorista, de alguna manera curiosa parece merecer más respeto que creer en el capitalismo, la verdadera democracia o el imperio de la razón.
