“Día por día”
Pese a la vecindad, a cuántos dominicanos residen allá, las imbricaciones recíprocas del narcotráfico, el turismo, comercio e inversiones, a Estados Unidos le importa poco qué pase aquí, mientras sea tranquilamente.
Tuvimos cierta importancia entre los sesenta y fines de los ochenta, cuando por la guerra fría y la dialéctica interna gringa, el Departamento de Estado enviaba a Santo Domingo algunos notables diplomáticos de carrera: Crimmins, Meloy, Hurwitch, Yost y Anderson…
De mediados de los ’80 hasta que la URSS desapareció en 1991, la importancia política de América Latina fue disminuyendo para Washington.
Tuvimos períodos en que un encargado de negocios bastaba. Una designada, Maricarmen Aponte, ni siquiera asumió su embajada.
Desde entonces, vienen “political appointees”, embajadores “a la carrera” a quienes la Casa Blanca premia sus favores políticos. Manatt, Hertell, Fannin, Yzaguirre y ahora Wally. Abogados, activistas, recaudadores, cualquier cosa menos diplomáticos de verdad.
Brewster fue premiado, no enviado al absurdo de imponer “su” agenda. Pero merecer respeto comienza respetando y entendiendo cómo funciona el mundo, desde “en el principio”…
