“Día por día”

En la isleña república de Farafangana, me cuenta Montoya, un joven inteligente y capaz aspira a la presidencia.

Tiene buenas ideas y apoya del partido nuevo (el mayor opositor). Sus estrategas, genios importados desde un país grandote pero con menos tradición democrática o electoral, le han recomendado que, por su experiencia como empresario exitoso, consiga algún pronunciamiento de empleados y colaboradores que no son políticos, dando fe de cuán buen patrón es.

Pero no… No se puede. No consigue convencer a su propia gente de que tienen buenos salarios y condiciones laborales ejemplares.

Peor aún, en una encuesta interna no gana. ¿Qué hacer? Me cuenta Montoya que al no poder engalanar a su pavo real con sus propios colores, sus estrategas lo han puesto a emprenderla en contra del otro candidato que luce puntero para re-elegirse.

“Ataquemos sus fortalezas”, le han dicho. En Farafangana la campaña electoral será despiadada. En vez de vender atributos propios tratarán de demeritar los ajenos. Nadie diga “¡campaña sucia!”… ¡Híjole!