“Día por día”

Un colega me comentó el domingo cómo la visita a una isla vecina por un periodista acompañando a un funcionario fue reseñada por su propio medio como si la noticia fuese que el comunicador y esposa eran recibidos por las autoridades de ese país.
Esa megalomanía ya no espanta a nadie por usual.

Pero la verdad que lo asombroso es cómo la comunidad periodística lo acepta como válido sin siquiera dejar anotado su espanto.
Que ciertos periodistas cuyo mayor asidero a la notoriedad es el cargo que tienen pretendan convertir en “influencia” su propia campaña de mal entendida “relaciones públicas” en el medio del cual son empleados, quizás a quien deja mal parados es a quienes poseen autoridad para cuestionar ese exceso y en vez de poner orden en su propia casa lo permiten.

Es un triste tránsito para cualquier diario que su importancia se mida más por la cantidad de fotografías de actos sociales que por el caso puesto a sus editoriales o aprecio por su línea informativa. ¡Qué desperdicio!