“Día por día”
La lectura de “La Sirenita”, décadas antes de que Disney hiciera la película, dejó en mi mente cierta fascinación por estas criaturas maravillosas cruelmente confinadas al cerco de la mitología.
El castellano obliga a llamar sirenas a dos seres distintos que los angloparlantes distinguen como “mermaids” y “sirens”.
Homero puso a Ulises a vencer unas ululantes sirenas cuyo canto desde entonces es imposible que sea sólo metáfora. Parténope hizo nombrar Nápoles a la capital de Sicilia, en cuyo puerto una sirena pétrea otea el horizonte. Las del norte de Europa y otras de Japón hablan con marinos sin consecuencias tan trágicas como las de los griegos.
Las japonesas, con ojos rasgados y expresión angelical, dizque ayudan a orientar a los marinos perdidos y más de una recupera forma humana si su amor por algún hombre es correspondido. Como queda demostrado, no son todos malos los cantos de sirena…
