“Día por día”
Luce como que aquí han habido más fuegos forestales por la sequía que en muchos años anteriores. Igualmente, calores propios de julio han cocinado días de abril y mayo; ¡líbrenos Dios de agosto! El invierno pasado en Norteamérica hubo temperaturas tan bajas que el enorme frío fue atribuido a un “vórtice polar”, término de película de ciencia ficción.
Y en Buenos Aires, en pleno verano austral, los peces de sus parques morían por el calor inusualmente elevado.
Escucho a amigas de mi edad preguntarse si están padeciendo una menopausia prematura cuando se sienten arder. Tantos extremos obligan nueva vez a preguntarnos: ¿estaremos los humanos como los sapos a quienes meten en una olla de agua tibia a la que van subiendo el fuego para hacerla hervir sin que el maco salte fuera, porque se va acomodando hasta sancocharse?
Lo llevo repetido, pero ¿seguiremos viendo el cambio climático como si fuésemos unos felices sapos? ¿Nos sancocharemos? Sigamos croando…
