“Día por día”

La igualdad ante la ley es un ideal de la justicia desde tiempos inmemoriales.

Esa aspiración fue la que causó en distintas civilizaciones que la gente común, que no todos eran ciudadanos, solicitara a los jefes, fuesen reyes, sacerdotes o magistrados, que las normas de convivencia fueran escritas y públicas.

Así cada cual sabía a qué atenerse cuando cualquier juez, o superior jerárquico, invocase prácticas o costumbres para fundamentar cualquier decisión.

Porque alegar una costumbre o norma para aplicarla a uno cuando a otro se le permite lo que dizque está prohibido puede -por injusto- ser la causa de grandes descontentos…

Por ello quien se pone en manos de juez o magistrado aspira siempre a que cuando este deba decidir cualquier cosa, mida a todos con igual vara, y no “asigún”. La discrecionalidad es madre de la injusticia.