“Día por día”

Ser objeto reiteradamente de la alborotada atención de la mejor columna de humor del más silvestre periodismo criollo, comparable sólo al extravagante Paco Escribano en sus emotivos arranques radiofónicos, quizás sea un privilegio.

¿Qué otra cosa que no sea risa, aparte tal vez de cierta conmiseración, puede ocasionar que me acusen de trujillista si nací en 1958, de “archienemigo de la libertad de expresión”, y otras lindezas disparatadas?

Quien dude que me refiero al articulista que más risa sabe provocar, que lea esto: “como los haitianos ilegales son incircuncisos, pedimos a Monchi que se inmortalice colocándoles visas en el prepucio”…

Dicen que la grandeza de los hombres se mide por la clase de enemigos que la vida les manda. Reconozco humildemente que quizás Dios me está queriendo decir algo, haciéndome blanco de la obsesión de este “escribano”, como aptamente se define.