“Día por día”

Es magnífico que los dominicanos nos paremos en dos patas para exigir a los políticos que rindan cuentas claras. Ningún daño puede resultar de tan eximio ejercicio cívico.

Pero de ahí a proponer que en toda la sociedad dominicana sólo uno de sus jefes políticos es el “jefe de toda la corrupción”, hay un trecho enorme.

Por eso somos tan tímidos a este respecto muchos dominicanos que simpatizamos con los esfuerzos judiciales por comenzar a sancionar, o cuando menos a juzgar, a aquellos a quienes el índice acusador del rumor público señala como pillos.

Porque los principales voceros de esta meritoria campaña resultan ser al mismo tiempo enemigos o adversarios de uno solo de los políticos criollos.

Como si fuésemos un país de impolutos monjes tibetanos corrompido ¡por la inacabable maldad de un solo hombre! Carentes de otro método para crecer en la estimación pública se embelesan como flautistas de Hamelín con su propia música…