“Día por día”
Leí hace unos días que pese a las lluvias de los últimos días los niveles de las presas no han subido. ¿A dónde ha ido a parar tanta agua? Recordé un titular a ocho columnas que hizo el propio Germán Ornes hace décadas en una situación parecida: “¡Agua, agua por doquier; más no hay para beber!”.
Al meditar sobre el impacto de los cambios climáticos, me pregunto nueva vez: ¿estaremos los humanos como sapos en una olla de agua tibia con el fuego subiendo para hervir sin que el maco salte fuera, porque se va acomodando hasta sancocharse? A diferencia de esos anfibios de sangre fría, la gente posee menos tolerancia a los cambios extremos.
Pero esa poca sensibilidad la tenemos en la piel. ¿Y en la mente? ¿Estará la humanidad metafóricamente echada en el fondo de un bullente caldero viendo con placidez los cambios ambientales como si fuésemos unos felices sapos?
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