“Día por día”

“¿Qué puede prometer este hombre a un país que ha gobernado tres veces, hundiéndolo en la más abyecta de las miserias morales?”, dice un articulista refiriéndose a Leonel Fernández.

La extraordinaria hipérbole -valga repetirla: ¡la más abyecta de las miserias morales!- me lució absurda e indigna de mención hasta que leí el lunes al papa Francisco: “Insultar no es cristiano.

También las palabras matan. ¿Saben?, cuando yo hablo mal, cuando hago una crítica injusta, cuando maltrato de palabra a un hermano, esto es matar la reputación del otro.

Tomemos esto en serio. Está mal insultar, un cristiano no insulta, insultar no es cristiano, ¿han oído?, no es cristiano”. Un riesgo de hacer carrera puyando a políticos como muñecos del vudú, es que para retener lectores ante la propia ineficacia y el éxito del criticado, debe aumentarse la intensidad o brujería.

Pese al “¡Oh, Dios!”, cuando faltan razones insultan: “¡la más abyecta de las miserias morales!”. ¿Han oído?