Después de las elecciones
Después de las elecciones cada fuerza política interesada en mejorar su futuro desempeño revisará las experiencias de su comportamiento en el proceso electoral.
Esto le corresponde a las fuerzas políticas del sistema y con más veras a las del cambio progresista, las organizaciones y movimientos de izquierda, emplazados a evaluar su conducta política, el contenido de su propaganda y los resultados obtenidos o dejados de obtener en el proceso electoral.
Ese es el método que manda el librito.
A riesgo de caer en la necedad, he criticado la poca disposición del liderazgo de izquierda a revisar con sentido autocrítico sus propias experiencias. Para aprender de ellas, desentrañar las causas de sus errores y superarlas. Para afirmar sus aciertos, luchar mejor y avanzar más.
Ahora, al pasar las elecciones nacionales, sean cuáles sean sus resultados, el momento será más que propicio para el balance. Aquí suele hablarse con frecuencia de recomposición política y esa recomposición se ha estado dando a la vista de todos a veces sin que uno la perciba con exactitud.
A su manera, bajo el dominio del conservadurismo prevaleciente en la sociedad, pero ya la disposición de las fuerzas ni los liderazgos son los mismos. La sociedad tampoco es la misma, muchas cosas han cambiado y nuevos factores han entrado al escenario.
De los candidatos y las candidatas presidenciales de la oposición, y excepción hecha del compañero Hatuey Decamps, ninguno viene de las viejas luchas históricas que marcaron el proceso político dominicano desde los tiempos de la tiranía trujillista. Al margen del contenido de sus programas y las ideas que sustentan, son ellos los que han entrado al escenario. Eso hay que tomarlo en cuenta.
Al movimiento de izquierda le resultaba fácil comunicarse con el doctor Peña Gómez, con Juan Bosch y hasta con el viejo liderazgo de la derecha.
No le resultaba complicado el combate contra el presidente Balaguer. Era menos compleja la relación política con el pueblo.
Ahora las cosas son distintas en cada uno de esos y otros aspectos y hay que adecuarse a las nuevas circunstancias. El reto es cómo hacer ese reajuste sin perder la calidad, sin abandonar los principios fundamentales ni dejar de ser revolucionario.
El balance serio de las experiencias vividas en el proceso que ya concluye puede ayudar a enfrentar ese reto, salir airoso y seguir la lucha con mejores perspectivas de éxitos.
