Derechos y deberes

Dilenia Cruz

Hace unos días reflexionaba sobre el privilegio que representa el “habla”, del mismo modo es un privilegio quizás mayor el
“silencio”.

Un adagio dictamina: “eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices”. Unos cuantos días atrás estuve en la oficina de empleos de Rhode Island esperando para ver una amiga que trabaja allí, quien estaba en una entrevista, mientras esperaba llegaron dos dominicanas quienes necesitaban informaciones relativas al tema de trabajo.

Ante el temor que representa no ver rostros hispanos en la recepción, decidieron que yo sería su recepcionista, así que inmediatamente me bombardearon con una serie de preguntas que lógicamente yo no podía responder, por lo que les motivé a ponerse en la fila y esperar su turno, que sin lugar a dudas alguien les atendería en su propio idioma porque eso está “fríamente calculado”.

Ante la insistencia de las mujeres me vi obligada a ir con ellas hasta el muro donde se publican las diferentes oportunidades de trabajo que llegan cada día a esa oficina.

Empecé por relatarles los títulos que tenían cada trabajo, mismos que estaban escrito en correcto inglés.

Con mucho desagrado una de ellas dijo: “eso debería estar en español”.

Gente de todo el mundo va a esa y otras oficinas gubernamentales, razón por la cual ellos procuran tener empleados que hablan múltiples idiomas por entender que no todos hablan inglés.

Sin embargo, por ser el inglés el idioma oficial de este país toda la documentación debe ser presentada en este idioma.
Esas mujeres, al igual que muchas otras personas viven en los Estados Unidos por décadas y nunca se interesan en aprender el idioma, pero tampoco son capaces de entender que no es responsabilidad del país que ellos permanezcan detrás de esos muros invisibles que impone la ignorancia.

Cada uno labra su propio destino.