Deporte y corrupción
El deporte se ha ido consolidando con una fortaleza tal que hoy compite de “tú a tú” con la industria farmacéutica, tecnológica y militar, como el renglón que moviliza más recursos.
Hace unas décadas era imposible afirmar que el deporte se convertiría en un sector con un poder económico extraordinario.
Esa posición que ocupa hoy se ha logrado gracias a la liberalización de los planteamientos que durante décadas mantuvieron los máximos dirigentes olímpicos en base a los lineamienos enarbolados por el barón Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Olímpicos modernos, quien entendía el deporte como una actividad en la que el atleta no podía percibir beneficios económicos , ni le estaba permitido promover ninguna actividad comercial ligada al deporte.
Esa posición tan conservadora que se mantuvo arraigada por una dirigencia obsoleta en el tiempo, no permitió que el deporte alcanzara la estatura económica, y por ende, un mayor desarrollo.
Pero nada es tan bueno que no tenga algo de malo, por lo que los “océanos” de millones de dólares que genera hoy esa actividad también ha traído corrupción al por mayor entre los dirigentes.
