Denuncias versus propuestas
Algo que hemos observado en las campañas electorales pasadas es que las elecciones no se ganan sobre la base de denuncias repetidas de hechos ya conocidos y que no serán castigados, y más bien el elector lo que le interesa y quiere son promesas de sueños aspirados, o propuestas de soluciones a lo que entienden son los diferentes males que les aquejan.
Esa observación es precisamente la que vuelve a repetirse en la presente campaña electoral que termina en menos de 3 semanas, en la cual parece que las estrategias de los opositores ha sido la de denuncia y repetición de males. Muy pocos han hecho propuestas viables y verificables, mientras otros repiten sus éxitos como antesala al provenir si son electos.
Un contraste que deja mucho que desear.
Ya escribimos hace meses que lo económico no iba a ser tema de campaña gracias a los aplausos de la banca internacional, los multilaterales, la Cepal, el FMI y muchos otros más, aunque a última hora el tema de fiscalidad ha traído algunos amagos, respecto de los cuales nadie se atreve a profundizar por el temor de espantar votos o perder popularidad.
La oportunidad para que se hubiera comenzando inmediatamente pasadas las navidades presentar soluciones racionales bien pregonadas, en referencia a situaciones como la seguridad ciudadana, en la cual es evidente que el mal, aliado a elementos de la represión y la justicia, gana la batalla, infundiendo temor y rabia a la población, se ha perdido.
Igual pudiera haber sucedido con otros tantos temas, como el de la energía, el presupuesto, o la salud pública.
No me digan que una propuesta colada en medios digitales o presentadas en una entrevista televisiva es la respuesta: si el candidato no la toma como suya y la martillea, es una propuesta perdida.
La mayoría de los candidatos nos hicieron perder el tiempo.
