Democracia e incidencia pública
El sensacional e irrepetible, Mario Moreno (Cantinflas), en uno de sus más aclamados filmes, titulado, ‘Si yo fuera diputado’ de 1951, denuncia la inconformidad ciudadana con la democracia y la imposibilidad de involucrar al pueblo en la solución de sus problemas. Cantinflas, en dicho largometraje, desempeña las labores de barbero en su colonia y, como aprendiz de abogado, se constituye en el defensor de desposeídos conciudadanos.
La cinta transcurre proyectando las habilidades de este simpático y comprometido hombre de pueblo que no concibe el abuso ni el atropello, que critica amargamente el sistema político imperante en su país y que actúa, con las escasas herramientas que posee, frente a personajes de oscuros procederes, de toscas y ruines maneras, encarnado por el dueño de la vecindad donde Cantinflas gestiona su modesta barbería: don Próculo.
Aunque el propósito del presente artículo no es el de mostrar una crónica cinematográfica, la película permite crear el contexto para conectarnos con la idea central sobre democracia e incidencia pública.
Volviendo a la trama fílmica, una de sus más álgidas escenas se produce cuando el despreciable personaje llega a la barbería de Cantinflas, y la conversación entre ambos se vuelve tensa. El visitante, habiendo oficializado aspiraciones políticas, reclama al barbero sobre el rumor existente en relación a la posibilidad de éste, de inscribir una candidatura a diputado. Dicha escena en su punto de clímax encuentra a los dos personajes hablando sobre democracia.
Cantinflas, con su distintivo recurso retórico presenta una definición a todas luces aérea e imprecisa, y aunque conserva una gran carga humorística, prevalece el subyacente deseo de que el ejercicio democrático se aplique con mayor practicidad en nuestra vida cotidiana, el popular comediante, dice: “si dividimos la democracia, diríamos que la primera parte es demo, que sería decir dimos, y si dimos con que nos quedamos, y lo segundo viene siendo igual, ahora bien, no es lo mismo decir, don Próculo se va a las democracias, que “demos cracias” que se va don Próculo”.

Sea a través de un relato cargado de humorismo como este, o en el más sobrio de los escenarios y circunstancias, el debate sobre la democracia es antiguo, intenso y poco concluyente, por ello, me permito incorporar un elemento que nos conducirá a brindarle una mayor cobertura conceptual a una discusión tan actual como necesaria sobre democracia: la incidencia pública.
La democracia no se agota en el acto del voto. Su verdadera vitalidad se mide en los espacios que se abren entre una elección y otra, en los canales que permiten a la ciudadanía, a los sectores sociales, productivos y organizados, y a las fuerzas políticas influir sobre las decisiones que moldean la vida colectiva.
A ese conjunto de acciones mediante las cuales actores sociales buscan orientar las políticas públicas, se le llama incidencia pública. Su existencia robusta es, en rigor, la diferencia entre una democracia formal y una democracia sustantiva. Sin dicha incidencia, el pueblo elige pero no gobierna; con ella, el mandato popular se convierte en conversación permanente entre gobernantes y gobernados.
En el libro ‘Incidencia Pública’, de los autores Nacho Corredor y Adrián Jofre Bosch, definen con precisión: “la incidencia pública es un proceso de participación, una practica de empoderamiento de las organizaciones empresariales y entidades sociales, dirigidos a aumentar sus derechos y capacidades, implicando a quienes tienen el poder y a la sociedad que los legitima”.
El gobierno y la incidencia pública
El actual contexto geopolítico, desprendido del conflicto de EE. UU, Israel e Irán, ha desatado una ola expansiva de incertidumbre económica que comienza a erosionar el comercio, el encadenamiento productivo, el transporte y, consecuentemente, las economías mundiales.
El gobierno dominicano, en aras de consolidar un riguroso ejercicio democrático, no se ha limitado al monitoreo sistémico de los mercados, acción que se enmarca dentro de una implementación ordinaria, sino que se ha abocado a un proceso consultivo, utilizando las herramientas de la incidencia pública.
Como en democracia la calidad de la información condiciona las decisiones, el gobierno del presidente, Luis Abinader, ha encabezado varias rondas de reuniones, análisis y negociaciones con comerciantes y sectores productivos nacionales; así como de disponer de la conformación de una comisión gubernamental, encabezada por el ministro de la Presidencia, ministro de Hacienda y Economía, y el ministro de Industria, Comercio y Mipymes, para desarrollar consultas con los líderes políticos de oposición.
Importancia de las medidas
Cuando los conflictos de orden económico tienen un origen externo, los países como el nuestro deben utilizar sus herramientas de mayor probidad y eficacia para enfrentar los desafíos impuestos. La democracia dominicana ha logrado, en las últimas décadas, estabilidad política, paz social y un sostenido crecimiento económico que nos ha convertido en un país atrayente y de condiciones excepcionales para las inversiones.
Ante una situación inesperada, imprecisa en sus plazos y en su alcance, que incidiría en el quiebre de esas conquistas, el gobierno busca armonizar, unificar y abrir las compuertas para que el flujo de información garantice mayor comprensión sobre las dimensiones del conflicto en cuestión.
Que el sector empresarial pueda presentar su visión sobre el tema, hacer recomendaciones y ratificar su rol de respaldo a las acciones gubernamentales tendentes a preservar la estabilidad del país, se enmarca en un límpido propósito donde la incidencia pública se manifiesta en amplitud.
En el orden político, la democracia pone a prueba su vitalidad e instrumentalización, cuando funcionarios del gobierno acuden a las sedes centrales de los principales partidos políticos de oposición para abordar, en detalles, aspectos fundamentales de la agenda nacional.
El liderazgo del presidente Abinader no sólo busca la eficiente gestión de una coyuntura particular como la que se presenta en los actuales momentos, crea, además, las bases para que las metodologías que sustentan la democracia en una sociedad híperconectada, encuentre en la participación e incidencia pública la respuesta a la necesidad colectiva de avanzar.
Al final, todo este acompañamiento institucional y de gobierno debe lograr como objetivo esencial que un hombre de pueblo, como el barbero interpretado por Cantinflas, sienta que el sistema democrático funciona, que su país avanza y que la vinculación de todos los sectores es tomada en cuenta.
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