Norberto Bobbio, uno de los teóricos más notables teóricos de las ciencias políticas, ha señalado que una de las promesas incumplidas de la democracia moderna es la reducción del individuo a un grupo denominado partido político que aglutina las opciones de representación de los electores que ejercen el sagrado derecho al voto, prerrogativa que diferencia las democracias de las monocracias.
Para Bobbio, la base del sistema democrático que es el individuo y su libertad de elegir y ser elegido, quedó diluida en un cuerpo intermedio entre las personas y lo público hasta tal punto que sería difícil imaginar la democracia sin los partidos políticos.
Pero la democracia representativa basada en el sistema de partido está entrando en crisis en diferentes contextos por la falta de confianza de los individuos en estas entidades y la apatía política, traducida sobre todo en abstención electoral. Los datos sobre abstencionismo en República Dominicana son un claro ejemplo de este fenómeno.
El auge de las tecnologías de información y la comunicación también han incrementado la desafección porque ponen en relevancia las faltas de respuestas del sistema político y los problemas no resueltos, así como las debilidades de los gobiernos en ejercicio de poder y de la oposición.
Las redes sociales no sólo amplifican la indignación, sino que inclusive polarizan a la sociedad favoreciendo el surgimiento del líder mesiánico que promete resolver todos los males sociales.
La eventual candidatura disruptiva de Santiago Matías sería una expresión típica del malestar del desencanto de los más jóvenes con las fuerzas políticas tradicionales y de una indignación social que puede ser incluso inducida por algoritmos.
Capitalizar políticamente la indignación es una nueva estrategia tanto electoral como para el nacimiento de liderazgos emergentes que expresan el efecto de desinhibición online popularizado por John Suler y que se caracteriza por la pérdida de control y la cortesía en las interacciones, así como la manifestación de la ira, emoción que, como demostró Daniel Mochon, genera más participación y réditos en redes sociales.
Desde ya, las aspiraciones de Santiago Matías y su candidatura en el escenario electoral del 2028 prometen mucho entretenimiento y discursos tóxicos. Esperemos que eso no haga olvidar los fines últimos de la política y de la lucha por el poder que son concretar el bien común, resolver problemas y mejorar la sociedad.