Defender subsidios…

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Defender o justificar los subsidios gubernamentales es un discurso populista que podría tener justificación política. Hay poca cosa que agrade más a un votante que algo gratis (aunque no haya tal cosa sino que otro paga después o te lo cobran por otra vía).

Es verdad, como dijo el presidente Abinader el lunes, que los diversos programas de subsidios ayudan muchísimo a las familias más vulnerables a defenderse de la pobreza y aguantar los embates de múltiples crisis. Luis se refirió a las ayudas sociales coyunturales y otras permanentes.

El subsidio de duración indefinida y aplicación indiscriminada contradice la definición y función del término, que según el Diccionario es o debe ser una “prestación pública [o sea gubernamental] asistencial de carácter económico y de duración determinada”.

No se trata de nada nuevo: los imperios chino y romano regalaban el trigo y se ufanaban de eso. Las ideas keynesianas ayudaron a Estados Unidos a salir de la gran depresión tras principios del siglo pasado; postulan la teoría macroeconómica de que la intervención estatal (incluyendo más gastos gubernamentales y subsidios), aun en sociedades capitalistas, estimula la demanda o gasto total, genera empleos y disminuye la pobreza. A muchos políticos les encanta el argumento.

Economistas de la escuela austríaca dicen que los subsidios no son una herramienta para el progreso y desarrollo sanos, sino una intervención forzosa del Gobierno que causa disrupciones dañinas a las economías de mercado. Algo hace bien Abinader que la popularidad del PRM más que duplica la de sus opositores. Pero las verdades no son necesariamente plebiscitarias.

Quizás conviene defender a su gabinete social y sus programas Supérate, Aliméntate, Bono Luz, Bono Gas, apoyos presupuestales a los precios internos de combustibles, el trigo, los abonos y otros.

Lo imposible es que la parte instruida de la ciudadanía aplauda unas políticas públicas que lucen beneficiosas momentáneamente, pero no…. Son gastos enormes cuya incosteable permanencia retrasa inversiones de capital y tareas imprescindibles, como sanear las EDE, rescatar la instrucción pública, reformar la seguridad social y estimular una mayor formalidad en la creación de empleos por el sector privado. No es que vayamos mal, sino que podríamos ir muchísimo mejor.

Sobre el autor

José Báez Guerrero

Abogado, periodista y escritor dominicano.