¿Debe eliminarse el anticipo? Economistas analizan sus efectos en las empresas

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Santo Domingo.- La eliminación del anticipo vuelve a colocarse en el centro del debate económico, y especialistas consideran que el anticipo, aunque aporta estabilidad a los ingresos del Estado, representa una carga financiera para muchas empresas, por lo que plantean la búsqueda de mecanismos alternativos de recaudación.

El anticipo cumple varias funciones dentro del sistema tributario, y una de ellas es proporcionar estabilidad en los ingresos del Gobierno, ya que permite que el impuesto sobre la renta se recaude de manera progresiva durante el año y no únicamente al cierre del período fiscal, explica el economista Juan Ariel Jiménez.

Esta fue la función original del anticipo, señala al señalar que sin embargo, plantea que, con el desarrollo del sistema financiero y los mercados de capitales, el Gobierno dispone de otras herramientas para cubrir sus necesidades de liquidez, como la emisión de letras del tesoro, utilizadas en países con mercados financieros más desarrollados.

Otra función atribuida al anticipo es servir de apoyo para la planificación financiera de las empresas, al permitirles distribuir el pago del impuesto sobre la renta durante el año en lugar de realizar un desembolso significativo al final del ejercicio fiscal.

Entiende que este mecanismo podría ser sustituido por un impuesto menor sobre las ventas, calculado sobre una renta presunta, dependiendo de cada sector. Entre las ventajas mencionadas figura que el pago de impuestos estaría más alineado con el ciclo económico que atraviesa la empresa en cada momento y no con el desempeño del año anterior.

Actualmente, el cálculo del anticipo se basa en las ventas del año previo. Esto puede generar situaciones en las que una empresa enfrente un período de menor actividad económica, pero deba realizar pagos elevados debido a que el año anterior registró mejores resultados. Para Jiménez, esa situación puede llevar a las empresas a endeudarse, afectando aún más su liquidez.

No obstante, destaca que la eliminación o modificación del anticipo tendría un efecto neutro, debido a que los pagos realizados por este concepto son descontables al final del año del impuesto sobre la renta.

Una discusión de años

El planteamiento de eliminar el pago del anticipo para las pequeñas y medianas empresas fue incluido en la propuesta de reforma fiscal presentada por el Gobierno en 2024 y posteriormente desestimada, recordó el economista Rafael Espinal.

Entiende que debe eliminarse para las empresas que presentan debilidades estructurales y solo mantenerse a los grandes contribuyentes, cuyas ventas regulares e inclusos crecientes anualmente.

Consideró que el Gobierno debería crear un fondo de apoyo mediante un financiamiento extraordinario gestionado con organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial.

Explicó que el objetivo de este fondo sería cubrir de manera temporal el déficit que generaría la reducción de los ingresos provenientes de los anticipos durante un período estimado de tres años, mientras se completa el proceso de desmontaje de este mecanismo para las pequeñas y medianas empresas.

La eliminación del anticipo continúa siendo un tema pendiente en la agenda económica del país desde su aplicación en 2004. De acuerdo con el economista Juan Del Rosario, distintos gobiernos han reconocido la necesidad de revisar esta figura tributaria, pero una vez llegan al poder suelen dejar de lado la discusión debido a que representa una fuente importante de ingresos para el Estado.

El argumento es que el anticipo funciona como un pago adelantado de impuestos, lo que permite al Gobierno recibir recursos antes del cierre del año fiscal. Sin embargo, también considera que esta modalidad genera efectos negativos para las empresas, especialmente por la presión financiera que implica cumplir con pagos tributarios antes de obtener los ingresos correspondientes.

En ese sentido, sostiene que el sistema tributario debería contemplar mecanismos más ajustados a la realidad de las operaciones empresariales.

Puso como ejemplo que el ITBIS debería pagarse sobre los montos efectivamente cobrados y no sobre los facturados, debido a que muchas ventas se realizan a crédito y pueden tardar entre 45 y 60 días en ser cobradas.

Asimismo, considera que el anticipo contribuye a generar distorsiones que afectan la formalización de las empresas y limitan su capacidad financiera. No obstante, entiende que la discusión no debe centrarse en sustituir este mecanismo por nuevos impuestos o por aumentos en las cargas tributarias existentes.

Desde esta perspectiva, el anticipo es una figura que debería ser eliminada y sustituida por una administración tributaria más eficiente, basada en una mayor capacidad de recaudación y en una reducción de la evasión fiscal.

También plantea que esta medida podría formar parte de un proceso gradual de revisión y desmonte de incentivos fiscales otorgados a sectores que, ya han alcanzado un nivel suficiente de madurez para operar con menor apoyo estatal, entre ellos las zonas francas, el turismo y otras actividades económicas beneficiadas por regímenes especiales.

Sobre el autor

Dilenni Bonilla

Periodista egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con diplomados en Comunicación Estratégica, Economía, Finanzas y Fondos de Pensiones.