- Publicidad -

De un pequeño cuarto en la avenida Anacaona al despertar del fitness

  • La pareja del icónico club atlético dominicano cuenta cómo una idea nacida del amor. Proyecto. Local que pasó de un concepto a un proyecto de salud integral en el país.

Noris Rodríguez y Anthony Bernal entrenan todos los días  y conversan con los usuarios en las instalaciones.  Alexis Monegro
Noris Rodríguez y Anthony Bernal entrenan todos los días y conversan con los usuarios en las instalaciones. Alexis Monegro

*Por Dayana Acosta y Saylin Rosario

La Altagracia.- Durante décadas, los gimnasios en República Dominicana fueron espacios asociados a la clase media urbana y a una cultura del cuerpo centrada en la apariencia.

Todo cambió tras la pandemia, cuando el bienestar dejó de ser estética y pasó a ser necesidad emocional y social. Hoy, detrás de cada gimnasio hay una historia de reinvención y comunidad.
Pero mucho antes de que el fitness fuera tendencia nacional, una historia comenzó a escribirse en silencio.

Cuarenta años atrás, en un pequeño cuarto de la avenida Anacaona, nació una idea adelantada para su época. Allí, entre sueños juveniles, surgió un proyecto que transformaría la cultura del bienestar en el país.

En 1986, Noris Rodríguez y Anthony Bernal, aún novios, apostaron por algo distinto: un gimnasio que fuera más que máquinas y pesas, un espacio para cultivar cuerpo, mente y pertenencia.

Noris, exatleta de alto rendimiento en Cuba, veía el ejercicio como arte y disciplina; Anthony lo veía como estructura y visión. Esa combinación marcaría el rumbo del proyecto.

“Desde pequeña soñaba con dirigir un centro deportivo”, recuerda Noris. A los 17 años, cuando adquirieron un pequeño local en Naco, ella era la única empleada. “Sentí que mi sueño se hacía realidad”.

Ese diminuto espacio fue el germen de una comunidad en crecimiento. Lo que nació como hobby se convirtió en una filosofía: escuchar, adaptarse y evolucionar con su gente.

Con el tiempo, el lugar dejó de ser un salón con máquinas y pasó a convertirse en punto de encuentro, espacio emocional y reflejo del cambio cultural dominicano.
La pareja detrás del proyecto también evolucionó. Anthony, ingeniero civil, complementó la disciplina de Noris con estrategia y organización.

“Ella empuja hacia la excelencia; yo aporté estructura”, afirma. Juntos superaron crisis económicas, pérdidas familiares y una pandemia que puso a prueba a todo el sector. Cada obstáculo reforzó la visión de ofrecer más que entrenamiento.

La comunidad creció pidiendo espacios para niños, actividades familiares y áreas de integración.
“La gente no viene solo a ejercitarse, viene a encontrarse”, dice Noris. Ese sello humano se convirtió en identidad.

“Aquí no eres un número. Te saludan por tu nombre”, agrega Anthony.
En un país cálido, esa cercanía cuenta.
La innovación llegó después con tecnología, mediciones avanzadas y sistemas personalizados.
Pero Noris lo resume así: “La tecnología no sustituye la parte humana. La gente vuelve por sentirse vista”.
La visión también se expandió hacia la responsabilidad social. A través de su fundación, destinaron parte de sus ingresos a proyectos comunitarios y apoyo a zonas vulnerables.

Hoy sueñan con instalar parques gratuitos de ejercicio en espacios públicos.
“El movimiento debe ser un derecho”, asegura Anthony con convicción.
Con cuatro décadas, la pareja mira su legado con serenidad.

“Nuestros hijos crecieron viendo que los sueños se construyen con esfuerzo”, dice Noris.
Para Anthony, la reflexión final es simple: “La decisión de cambiar la vida se toma hoy”. No el lunes, no en enero. Un día cualquiera. Porque moverse es vivir”.
En una época donde las cifras de sedentarismo y enfermedades asociadas al estilo de vida siguen siendo alarmantes, historias como esta recuerdan que el cambio es posible.

Obesidad: desafío para los gobiernos
Informe. La Federación Mundial de la Obesidad advierte que la mayoría de los países no está preparado para enfrentar el aumento de la obesidad.

En el país, al igual que en otros, se observa un incremento significativo en los niveles de obesidad, especialmente en la obesidad clase II y superior (IMC > 35 kg/m²). Esto representa un desafío para los sistemas de salud, que en muchos casos no cuentan con políticas ni recursos suficientes para abordar esta contingencia.

La federación insta a los gobiernos a adoptar un enfoque integral para combatir la obesidad, que incluya: reconocer la obesidad como una enfermedad y fortalecer los sistemas de salud para su manejo.
También a implementar políticas fiscales como impuestos a bebidas azucaradas y alimentos poco saludables.

Además, crear espacios públicos para la actividad física, fomentar el transporte activo, capacitar a los profesionales de la salud y enfrentar estigmas.

Etiquetas

Periodista dominicana con maestría en Comunicación Corporativa y Gerencia Hospitalaria y Seguridad Social. Apasionada de la investigación y de contar historias con propósito.

Artículos Relacionados