De la pandemia al conflicto en Medio Oriente: crisis que han marcado la gestión de Luis Abinader
- El presidente ha gobernado entre emergencias sanitarias, choques económicos globales, tensiones fronterizas y fenómenos naturales.
Santo Domingo.-Cuando Luis Abinader asumió la Presidencia de la República el 16 de agosto de 2020, el país se encontraba en medio de una de las mayores crisis sanitarias y económicas de su historia reciente. Seis años después, su gestión acumula una sucesión de desafíos extraordinarios que han obligado al Gobierno a adoptar medidas de emergencia para proteger la economía, sostener el gasto social y preservar la estabilidad.
La escalada del conflicto que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán ha elevado la incertidumbre en los mercados energéticos y ha encendido las alarmas sobre posibles aumentos en los precios del petróleo, la electricidad, los alimentos y el transporte.
Ante ese panorama, el Gobierno presentó un nuevo Plan Anticrisis que combina medidas fiscales, alivios para sectores productivos, incentivos para la clase media y mecanismos para fortalecer las finanzas públicas, con el objetivo de preparar al país frente a posibles efectos derivados de la situación geopolítica. Sin embargo, esta no es la primera vez que la administración de Abinader se ve obligada a reaccionar ante una coyuntura adversa.
La pandemia
El primer gran reto llegó incluso antes de que el nuevo gobierno completara sus primeros días de gestión.
La pandemia del COVID-19 golpeaba con fuerza al país y al resto del mundo. El sistema sanitario enfrentaba una presión sin precedentes, miles de empleos se perdían debido a las restricciones económicas y sectores fundamentales como el turismo prácticamente se paralizaron.
Durante esa etapa, el Gobierno tuvo que destinar miles de millones de pesos para ampliar la capacidad hospitalaria, adquirir vacunas, sostener programas de asistencia social y evitar un colapso económico mayor.
Además de las pérdidas humanas, la pandemia provocó interrupciones en las cadenas de suministro globales, encarecimiento de productos y una reducción significativa de la actividad económica. La recuperación posterior permitió que el turismo y otros sectores retomaran su crecimiento, pero los efectos económicos de la crisis sanitaria continuaron sintiéndose durante varios años.
Guerra Rusia y Ucrania
Cuando el país aún enfrentaba las secuelas de la pandemia, un nuevo conflicto internacional alteró el panorama económico global.
La invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022 provocó un incremento significativo en los precios de combustibles, fertilizantes, cereales y materias primas esenciales para numerosas economías.
El Gobierno implementó un amplio programa de subsidios para evitar que esos aumentos se trasladaran completamente a los consumidores.
Según datos oficiales, se destinaron alrededor de RD$42,800 millones para subsidiar combustibles y mitigar el impacto de las alzas internacionales en productos esenciales como el arroz y el trigo.
También se aplicaron exenciones arancelarias temporales a diversos productos de la canasta básica con el objetivo de contener la inflación y proteger el poder adquisitivo de las familias.
Tormentas y huracanes
La gestión de Abinader también ha estado marcada por fenómenos atmosféricos que pusieron a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones públicas.
Durante estos años el país enfrentó los efectos de tormentas y huracanes como Isaías, Laura, Elsa, Fred, Grace, Fiona, Franklin y Melissa, que provocaron daños a viviendas, carreteras, puentes y zonas agrícolas.
Uno de los episodios más recordados ocurrió el 4 de noviembre de 2022, cuando intensas lluvias afectaron gran parte del Gran Santo Domingo y otras provincias.
Aquella emergencia dejó escenas de inundaciones repentinas, vehículos arrastrados por corrientes de agua y el colapso de una pared en el paso a desnivel de las avenidas 27 de Febrero y Máximo Gómez, tragedia que provocó la muerte de nueve personas.
Más recientemente, en marzo de 2026, fuertes precipitaciones volvieron a afectar comunidades de la costa norte, incluyendo Gaspar Hernández, donde se reportaron acumulaciones de lodo y daños materiales.
Ahora la administración de Abinader vuelve a enfrentar un escenario internacional incierto.
La tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán genera preocupación debido al potencial impacto sobre los mercados energéticos mundiales. Un incremento sostenido del precio del petróleo tendría efectos directos sobre el costo de los combustibles, la generación eléctrica, el transporte de mercancías y los precios de los alimentos.
Con el propósito de anticiparse a esos riesgos, el Gobierno anunció la reasignación de RD$10,000 millones para fortalecer los programas sociales y presentó un proyecto de ley con medidas destinadas a garantizar la sostenibilidad fiscal.
La propuesta busca generar entre RD$40,000 millones y RD$50,000 millones adicionales mediante una combinación de ajustes tributarios focalizados, combate a la evasión y reformas administrativas.
Entre las medidas planteadas figuran una sobretasa temporal al impuesto sobre la renta para grandes contribuyentes, mayores gravámenes a casinos, juegos de azar y vapeadores, así como un incremento en el impuesto aplicado a los boletos aéreos.
Al mismo tiempo, el proyecto contempla alivios para la clase media y las pequeñas empresas, incluyendo la eliminación del anticipo para microempresas, mayores deducciones por gastos educativos y la actualización del mínimo exento del impuesto sobre la renta para personas físicas.
Contexto
—1— Estrategia
Para el Gobierno, estas acciones buscan blindar la economía frente a un contexto internacional cada vez más volátil.
—2— Debate
El debate girará en torno a recaudar recursos y el impacto que nuevas cargas tributarias podrían tener sobre la producción.
Crisis permanente en la frontera
Haití. A partir de 2021, otro desafío comenzó a ocupar un lugar prioritario en la agenda gubernamental: la profundización de la crisis política, institucional y de seguridad en Haití.
El asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse, el avance de las bandas armadas y el deterioro de las condiciones sociales en el vecino país generaron nuevas presiones migratorias y preocupaciones sobre la estabilidad regional. República Dominicana respondió reforzando la vigilancia fronteriza, ampliando los controles migratorios y acelerando la construcción de infraestructuras de seguridad.
Posteriormente el Gobierno adoptó medidas extraordinarias, incluyendo el cierre temporal de la frontera terrestre con Haití y restricciones comerciales.