De juguetes fantásticos a reyes letales de los cielos
En principio fueron raros, fantásticos y hasta divertidos. Pilotar una aeronave a distancia parecía sacado de una película de ciencia ficción.
Sin embargo hoy día son tan comunes como famosos por su protagonismo letal en guerras como las de Estados Unidos, Israel e Irán, y la de Rusia y Ucrania.
Fueron concebidos como herramienta de búsqueda y rescate hasta los actuales que pueden desplegarse desde cualquier lugar y causar daños incalculables, a sorprendentes distancias.
La historia de los drones es un viaje a través de la evolución de la aeronáutica y la tecnología. Comenzó a finales del siglo XVIII, cuando los hermanos Montgolfier elevaron animales en globos aerostáticos.
Pero su utilización por primera vez como arma de guerra se produjo cuando el ejército austriaco lanzó una flota de globos cargados de explosivos sobre Venecia (1849).
Aplicados al belicismo, debutaron para alcanzar zepelines, durante la Primera Guerra Mundial, desplegándose por primera vez, a gran escala, en Vietnam.
Los primeros tenían tamaño de avionetas y se empleaban en misiones de reconocimiento, para interferir el radar enemigo y como señuelos.
Desde entonces el uso de estos aparatos para realizar tareas que los humanos no podían —o no querían— hacer, marcó la tendencia.
A partir de los resultados de su desempeño, el desarrollo de aviones radiocontrolados continuó con drones más rápidos, discretos y, sobre todo, más pequeños y fáciles de controlar.
Los avances en informática, la miniaturización y la invención del GPS se combinaron para hacer realidad el dron moderno, en los años 90.
Las innovaciones culminaron con el Predator (que tuvo un uso extensivo durante la Guerra del Golfo de 1991) y, posteriormente con drones comerciales.
En los últimos años se han desarrollado modelos que utilizan energía solar para solucionar el problema del combustible en vuelos de larga duración.
Actualmente los drones cumplen numerosas funciones: monitorización del cambio climático, operaciones de búsqueda tras desastres naturales, fotografías, filmación y reparto de productos.
Sin embargo, su uso más controvertido es el militar, para alcanzar lugares inaccesibles para las tropas.
Su utilización ha suscitado interrogantes sobre la ética de este tipo de armamento, especialmente cuando provoca muertes de civiles, ya sea por datos inexactos o por su proximidad a un objetivo.
