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De Duarte a Tik Tok, ¿se muere nuestra historia?

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Así reza la conocida frase del filósofo George Santayana, a la cual debería prestársele mucha atención en República Dominicana.
Con el auge de las redes sociales, estamos constatando que nuestra historia peligra.

Parece importarle poco a un segmento de la sociedad que prefiere idolatrar figuras del presente y desconocer a personajes fundamentales de la dominicanidad.

La situación resulta preocupante, sobre todo cuando vemos que a jóvenes uniformados, recién salidos de la escuela, se les pregunta por Juan Bosch, Joaquín Balaguer o José Francisco Peña Gómez, figuras claves de nuestra historia reciente, y estos resultan completamente desconocidos para ellos, a diferencia de cantantes de música urbana, quienes ocupan un sitial privilegiado en la memoria de los muchachos.

Este desconocimiento histórico quizá no sea culpa absoluta de los jóvenes, sino de un sistema educativo y cultural que está fallando. La historia que no se enseña no se conoce, a pesar de las facilidades que ofrece la tecnología, que pone la información al alcance de todos. No obstante, no podemos esperar que los jóvenes, por iniciativa propia, se dediquen a estudiar historia, a menos que sientan una motivación particular por ella.

Estamos avanzando peligrosamente hacia el olvido histórico. Si no se conocen figuras como Juan Pablo Duarte, Ramón Matías Mella, Francisco del Rosario Sánchez, Gregorio Luperón o las hermanas Mirabal, por mencionar solo algunos de los más emblemáticos, tampoco se conocerán las gestas que dieron origen y forma a la nación dominicana, como la proclamación de la Independencia, el trabucazo de Mella en 1844 y las batallas que consolidaron nuestra soberanía.

Incluso la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo no debería marginarse del relato histórico. Fue un período determinante de nuestra historia y debe conocerse. Resulta absurdo pretender borrarlo o mirar con recelo a quien mencione su nombre. No se trata de venerarlo, sino de comprender lo que ocurrió, aprender de ello y evitar que se repita.

Es necesario cuestionar el sistema educativo y la escasa promoción de la historia nacional mediante políticas públicas. Cada año, los gobiernos destinan miles de millones de pesos a publicidad institucional, muchas veces orientada más a promover funcionarios que a fortalecer la conciencia histórica y cultural del país.

Un país que no conoce a sus héroes ni sus luchas queda expuesto a repetir sus errores. Por eso, la advertencia de Santayana sigue vigente: “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.

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Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, co...

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