¿Qué tienen en común estos dos personajes? Prácticamente nada. Excepto una: ambos saben que arrodillarse ante el nuevo emperador no tiene sentido ni da resultado.
Si acaso algún distraído lector no conoce todavía a Macron o a Bad Bunny, simplemente le diré que el primero es el actual presidente de Francia, tiene 49 años, estudió en Sciences Po y la École nationale d’administration, viene del mundo de las finanzas; tras convertirse en 2017 en el presidente más joven de Francia, logró la reelección y es hoy una de las figuras más prominentes de Europa, que, si bien ha sido ninguneada por el inquilino de la Casa Blanca, ha jugado un papel importante en una época caracterizada por un tsunami político-arancelario. Es un hombre del sistema.
A su vez, Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, es un joven de 31 años, cantante puertorriqueño, hijo de un camionero y una profesora. Antes de descollar como artista urbano, se desempeñó como empacador en un supermercado. Actualmente, a pesar de su estilo aparentemente disruptivo, es el artista latinoamericano que mejor conecta con la juventud y, de repente, se ha convertido en la voz de millones de jóvenes. Su triunfo en los Grammy y en el show de medio tiempo del Super Bowl lo han convertido en la representación de todo un continente que exige respeto, que se hace escuchar. Es un rebelde.
Dicen que, a fuerza de golpes, muchas veces la gente aprende.
Son dos miradas diferentes. Son diferentes motivos. Pero la conclusión es la misma: el tren no puede seguir como va o pronto se descarrilará.
Desde París, Macron, presidente de Francia, aliado incondicional de Estados Unidos en la OTAN, proclama literalmente que: “La estrategia de doblegarse ante Estados Unidos no da resultados”. Hasta ahora, un Monsieur sumiso “defiende una Europa soberana ante los ataques de Trump y un panorama de ‘inestabilidad permanente’” y advierte que las amenazas comerciales y “las intimidaciones” de EE. UU. no han “terminado”. Con más de 500 años de retraso, Macron se equipara a Colón y “descubre” a América (again).
Bad Bunny, en cambio, viajó al centro mismo del huracán y, en el mismísimo Super Bowl, ante una audiencia superior a los 142 millones de personas (récord), cuestiona el sistema, supera el boicot que le quisieron hacer y reivindica una América unida, donde todos, incluidos los inmigrantes, sean tratados con dignidad, valorados por su trabajo y con respeto a la soberanía de cada nación, para que no les pase lo que le pasó a Hawái.
Levantando su voz por Puerto Rico, Ocasio la levantó por todo un continente. Y lo hizo en español. La lengua es una de las armas más poderosas inventadas por los sapiens. Usó la bandera de Puerto Rico, realzó el sabor caribeño y su identidad.
De modo que, a fuerza de aranceles, deportaciones, aranceles y humillación, el magnate de Manhattan ha logrado unificar a mucha gente diferente en la acera del frente, y esto va desde Venezuela, pasando por Puerto Rico, Cuba y Canadá, hasta los Champs-Élysées, allá en París. Va desde Bad Bunny hasta Macron.
Ambos son la expresión de que, o la humanidad se planta ante la sinrazón, o esta se impone y todos salimos perdiendo.
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German Marte
Periodista dominicano. Comentarista de radio y TV. Prefiere ser considerado como un humanista, solidario.