Cumplir cincuenta

Nassef Perdomo Cordero
Nassef Perdomo Cordero, abogado.

Mañana jueves cumplo cincuenta años. Alcanzo el medio siglo, que se dice fácil y pasa más rápido. Lo hago en un momento en el que empiezo a sentir la ansiedad de ser consciente de que el tiempo es finito y de que ya tengo más camino recorrido que el que me falta por recorrer.

No es que comience a ser consciente de que soy mortal, eso ya lo sabía; es que he perdido el privilegio juvenil de que mi mortalidad no forme parte de mi vida. Tengo consciencia de que, aunque aún no se me acaba, ya no me queda tiempo que perder.

En la actualidad, mis responsabilidades familiares, personales y profesionales pueden hacerme sentir como brizna al viento. Pero en ellas encuentro un propósito que ha renovado mi noviazgo con la existencia. Además, con la perspectiva que da lo observado en el trajín de vivir, puedo decir que son precisamente esas cosas las que me hacen feliz. Y soy feliz, profundamente feliz. He aprendido que, más allá del clisé, la felicidad es sentirse pleno, tener propósito y estar satisfecho con lo vivido.

Puedo mirar hacia atrás y preguntarme qué hubiese sido de mí de haber tomado decisiones distintas en momentos que hoy se descubren importantes. Pero lo hago sin sentir la tentación de intentar devanar el hilo del tiempo tomando hoy caminos que no seguí antes. Las decisiones cuyo momento ha pasado no tendrían hoy el mismo efecto que entonces. Mis remordimientos, que los tengo, no son porque pude haber tenido mejor vida, sino porque en ocasiones no contribuí a mejorar la de los demás.

Mientras tanto, el caos entrañable de mi día a día me alimenta, sobre todo con las dos fuentes de alegría cuya llegada al mundo felizmente retrasé hasta estar seguro de mis circunstancias y compañía.

Como dijo con un suspiro el eterno Robert Frost, en esos lugares del pasado en que el camino me presentó una encrucijada, yo escogí, y eso ha marcado la diferencia. No sé si, como en el caso del poeta, el escogido fue el camino menos transitado. Pero es el mío, el que me ha dado a probar las riquezas de una vida que se me antoja compleja, a veces difícil, pero indubitablemente hermosa.

Celebro estos cincuenta, y cada año, mes, semana y día que me queden por vivir.