Cultura digital, poesía y fin de año
Es incontrastable el hecho del apogeo de las comunidades digitales, conocidas como redes sociales, en el ámbito del ciberespacio; es decir, el ámbito, a simple vista insondable, de lo cibernético.
Las llamadas redes sociales son, en efecto, un fenómeno inherente a la versatilidad de la racionalidad tecnológica, al desarrollo del modelo de producción y el estilo de vida capitalistas y a la expansión del proceso de licuefacción experimentado por un mundo y un sujeto que han disuelto, en la lujuria y delirio consumistas, en las identidades inciertas o esquivas, como a partir de Bauman las llama Béjar, y en la globalización o mundialización del comercio y la vida todo lo que era sólido, como asume con nostalgia Muñoz Molina; es decir, disolución de todo el referente de la realidad económica, política, científica, axiológica, ideológica, cultural y social que prevaleció hasta la primera mitad del siglo XX.
Las redes digitales han servido al arte para establecer canales y comunidades. Las revistas, ahora son, en su mayoría, también o solo digitales. Cada día nacen más y más medios electrónicos. En ese contexto nace “Teampoetero”, una reciente comunidad de Twitter creada por el artista venezolano Mario Ovalles (@movalles) que convive con miles en su género, pero, que tuvo la particularidad de entrevistar a poetas de Iberoamérica en Navidad, en base a tres sencillas preguntas.
Quisiera compartir con los lectores, convencionales y digitales, de Carpe Diem, parte de mi breve entrevista con ese habitante cibercultural. ¿Como explicaría usted a un niño qué es poesía? Solemos subestimar la inteligencia e imaginación de los infantes.
Ante ellos, y para hacerles comprender la singularidad de la poesía como arte, suelo remontarme a la definición que del conocimiento dio Platón, y que Borges retoma para definir la poesía: “ver con asombro donde los demás ven con costumbre”.
A seguidas, pongo como ejemplo el acto cotidiano de pasar frente a un jardín y no detenerse ?a contemplarlo; o, al menos, reposar la mirada en una rosa.
Esa es la mirada con costumbre. En cambio, la mirada con asombro es aquella que permitió a Martí escribir los versos del sencillo poema que comienza “Cultivo una rosa blanca…”. O a Mieses Burgos decir “Cuando la rosa muere/ deja un hueco en el aire que no lo llena nada”. O a Heberto Padilla escribir el poema, en base a Rilke, “La rosa y sus espectros”.
¿Si pudieras llevarte solo un poema contigo al momento de morir cual sería? Uno de Juarroz que reza: “Hay vidas que duran un instante,/ el de su nacimiento.? Hay vidas que duran dos instantes,/ el de su nacimiento y su muerte./ Hay vidas que duran tres instantes,/ el de su nacimiento, su muerte y una flor”.
¿Hacia donde va la poesía? Y dije: ¿Acaso tiene que ir hacia algún lado la poesía? Si ella ha estado siempre ahí, al ladito del ser humano; en forma de silencio, oral o escrita.
Ha sido siempre parte de la vida y del mundo, y los habitó, probablemente, antes que ellos mismos entraran en la historia. Otra cosa es si la poesía debe o no estar en la historia; si debe seguir alguno de sus designios.
La poesía, en tanto que esencia del lenguaje y lenguaje esencial, es fundamento de la historia y de la cultura. ¿Hacia dónde, me pregunto, tendría que ir algo que ha estado siempre en todas partes? La poesía es la vida misma.? Como dijo Silesius de la rosa, puedo decir de la poesía: “es sin por qué, florece porque florece”. ¡Paz en 2016!
